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PADRE E HIJO COINCIDEN


Peter Bulkeley (1583-1659)


Que existe un pacto entre el Padre y el Hijo con respecto a nuestra salvación, lo admito con gusto, y me propongo enfocarlo y confirmarlo con las Escrituras. Todo el tema de nuestra salvación fue tramitado entre el Padre y Cristo antes de sernos revelado a nosotros. De allí que fue dicho que somos dados a Cristo (Jn. 17:6, 10) como si el Padre dijera al Hijo: “A estos tomo como vasijas de misericordia, tráemelos a mí porque se destruirán a sí mismos, pero tú los salvarás de su condición perdida”. Y entonces, el Hijo los toma de la mano de su Padre y, viendo la voluntad de su Padre (Jn. 6:37-39), se ocupa de que no se pierda ninguno de los que su Padre le dio.


Este pacto es presentado en las Escrituras, primero, desde el punto de vista del Padre:

1. Hay una designación y nombramiento de Cristo el Hijo, al oficio de Mediador15 para que sea el medio de retornarnos a Dios y para hacer un pacto con él. Por lo tanto, dice la Palabra que Cristo fue señalado por el Padre (Jn. 6:27) como escogido para tal fin (1 P. 1:18-19). Fue ordenado en el concilio del Padre, antes de la fundación del mundo. Por lo tanto, dicen las Escrituras que fue escogido por el Padre (Is. 42:1), destacando su designación para esta obra.

2. Hay un mandato del Padre al Hijo, al cual éste debe someterse y obedecer para lograr la salvación de su pueblo. Como Profeta de la Iglesia, tenía un mandato de lo que debía enseñar e instruir a sus discípulos (Jn. 12:49). Tenía el mandamiento de iluminar a los escogidos con el conocimiento de la verdad (Is. 42:6-7), ser luz a los gentiles para abrirles los ojos, etc… También el de dar su vida por los que le fueron dados (Jn. 10:18) y de cuidar las ovejas llevándolas en su seno (Is. 40:11).

3. Hay una promesa del Padre al Hijo, [es decir] el Padre pacta con él:

(1) Le dará el Espíritu en abundancia: “Y reposará sobre él el Espíritu de Jehová” (Is. 42:1; 11:1-2).

(2) Le promete auxiliarlo y ayudarle en esta gran obra de redención. “Te sostendré por la mano” (Is. 42:6). ¿Qué significa eso? Dios dijo acerca de Ciro: “[lo] tomé yo por su mano derecha” o sea, le he dado fuerza para conquistar las naciones (ver Is. 45:1). Por eso mismo, dijo Dios que sostendría la mano de Cristo; aunque sufriera fuertes oposiciones, [el Padre] lo fortalecería con su poder para que no se desalentara (Is. 42:4).

(3) Le promete un éxito bendecido de modo que no trabajará en vano. Vería su simiente (Is. 53:10): Los sufrimientos de Cristo fueron como los de una mujer dando a luz; aunque sufre muchos dolores, cuando tiene a su hijo entre sus brazos, se olvida de todo lo demás. Así también, Cristo verá a muchos creer en su nombre (Is. 55:5). Son promesas dadas por el Padre al Hijo que indican que las naciones que no lo conocen correrán a él.

(4) Le promete que tendrá autoridad y potestad para ejercer dominio sobre todos los que son salvos por él. Este señorío le es prometido en Isaías 40:10: El Señor Jesús vendrá con poder “y su brazo señoreará”. Y en Isaías 42:4: “No se cansará ni desmayará, hasta que establezca en la tierra justicia; y las costas esperarán su ley” para someterse a él. De allí que dice Miqueas 4:3: “Y él juzgará entre muchos pueblos, y corregirá a naciones poderosas” o sea, gobernará, ordenará, mandará y dirigirá como Juez y Soberano entre su pueblo; promesa que ahora se ha cumplido, ya que todo juicio ha sido adjudicado al Hijo (Jn. 5:22).

(5) Le promete que después de ejercer su dominio y potestad vendrá la gloria, primero a Cristo mismo y luego a los miembros de Cristo. A Cristo mismo: “He aquí, llamarás a una nación que no conocías, y una nación que no te conocía, correrá a ti a causa del Señor tu Dios, el Santo de Israel; porque Él te ha glorificado” (Is. 55:5 LBLA). Son las palabras de Dios el Padre a Cristo el Hijo prometiéndole gloria, ¡gloria tal que haría que las naciones corrieran a él! Lo mismo es con los miembros de Cristo: Hay una promesa de gloria para ellos, promesa que fue dada a conocer a Cristo desde el principio. Cristo saca a la luz ese secreto desde el seno del Padre, revelándolo a sus discípulos. Dice: “No temáis… porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino” (Lc. 12:32). Cristo conocía la voluntad del Padre por el pacto acordado entre el Padre y él, y les da a conocer la gloria que les es prometida. Es pues evidente que hay un pacto de parte del Padre.


Veamos ahora la parte de Cristo:


1. Cristo acepta el oficio que le ha designado el Padre. No se adjudicó él mismo el cargo de Mediador, sino que fue el Padre quien lo llamó a tomarlo; luego el Hijo lo aceptó y dijo: “He aquí que vengo” (Sal. 40:7-8; He. 10:7).

2. Promete depender de Dios y confiar en su ayuda, debido a la promesa hecha por el Padre. Es así que [en] Hebreos 2:13, el Apóstol presenta a Cristo prometiendo confianza y seguridad en el Padre: “Yo confiaré en él”. E Isaías lo presenta buscando la ayuda de Dios: “Porque Jehová el Señor me ayudará”; “¿Quién es el adversario de mi causa?” —Hombres y demonios—. “He aquí que Jehová el Señor me ayudará” (Is. 50:7-9). Promete esperar de su Padre, apoyo y fuerzas, por lo que [también acepta] en Isaías 49:5: “El Dios mío será mi fuerza”.

3. Promete someterse a la voluntad de su Padre, de llevar sobre sí los reproches e injurias que sufriría y dar su vida por aquellos que el Padre le dio (Is. 50:5-6; Jn. 10:17-18). Y Cristo fue muy cuidadoso en cumplir todo lo que pactó con el Padre (Jn. 17:4-6; 12:49-50).

4. Debido a la totalidad de este pacto hecho entre el Padre y Cristo, Cristo espera la gloria que le fue prometida a él y a sus miembros. A él mismo: “Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese” (Jn. 17:5). Y a sus miembros: “Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo, para que vean mi gloria que me has dado; porque me has amado desde antes de la fundación del mundo” (Jn. 17:24). Espera el cumplimiento de ambas promesas por parte del Padre.

Hasta aquí concedo que hay un pacto entre Dios el Padre y Cristo. Dios es llamado: “El Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo” (Ef. 1:3), en razón del pacto que hicieron entre ellos.


Tomado de The Gospel-Covenant, or the Covenant of Grace Opened (El pacto del evangelio o el Pacto de gracia abierto), de dominio público.

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Peter Bulkeley (1583-1659): Pastor puritano de la antigüedad, quien dejó Inglaterra estableciéndose en la colonia en Massachusetts; nacido en Odell, Bedfordshire, Inglaterra, Reino Unido.


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