A veces envidiamos a los impíos
¡Cuán dulce es la calma después de la tempestad! No nos convendría que todo fuera siempre apacible. La pequeña aspereza del camino aumenta lo agradable de la calma.
¡Cuán poco valoramos una bendición hasta que nos es quitada; y con todo, cuán indiferentes y sin vida estamos hasta que somos sacudidos por circunstancias adversas! ¡Oh, cuánto deberíamos valorar cada castigo que recibimos!
A veces envidiamos a los impíos porque parecen seguir pecando y, sin embargo, sin castigo. ¡Si tan solo nos diéramos cuenta de que es la mano de un Padre la que nos guía, y de que porque nos ama y se cuida de nosotros nos castiga!
A los impíos los deja a su propio rumbo hasta su castigo eterno. Pero Él vela sobre sus hijos con el ojo de un padre, y todo lo que hace es para su bien ahora y en lo porvenir.
¡Oh, qué bendición ser uno de sus hijos, tener tal Protector, tal Amigo! Él vale más que todos los amigos más queridos que el mundo pueda ofrecer.
Fuente y atribución
Autor original: Whitmore Winslow
Título original: The Hidden Life — We sometimes envy the wicked
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Whitmore Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.