DOMINGO POR LA MAÑANA.
¡Santo, santo, santo, Señor Dios Todopoderoso, llenos están los cielos y la tierra de tu gloria! ¡Gloria a ti, oh Señor Altísimo! Al comenzar este día bendito, deseamos unirnos a toda la corte celestial y a todos los santos de la tierra para elevar la voz de adoración y alabanza. A ti sean la bendición, el honor, la gloria y el poder, oh Padre de misericordias, Dios de toda gracia y amor.
Te damos gracias porque, en la multitud de tus tiernas misericordias, en las riquezas de tu compasión entrañable, te has complacido en erigir este trono de gracia, ante el cual ahora nos postramos con suma humildad. Te bendecimos porque aquí reina la gracia gratuita. Te bendecimos porque en todo tiempo y en todo lugar tenemos libre acceso a él por la sangre de tu amado Hijo. Te bendecimos porque el velo está abierto, y que en su gran nombre podemos acercarnos siempre, y hallarte dispuesto a oír, esperando ser propicio, vestido con sonrisas de amor, invitándonos a tocar el cetro de tu soberana misericordia, convidándonos a derramar toda necesidad y todo deseo de nuestros corazones, y prometiendo darnos más de lo que podemos pedir o pensar. «Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.» Hebreos 4:16
Pero mientras así te miramos y te alabamos, la vergüenza y la confusión abruman nuestros corazones. Tú eres digno de toda alabanza. Nosotros somos indignos de traerte alguna. Tu trono es santidad. Nuestros labios son todos impuros. Mientras te adoramos por tu gracia salvadora, recordamos la iniquidad pasada de nuestras cosas más santas. ¡Qué irreverencia en tu culto, qué fría formalidad en la oración y la alabanza, qué expresión de labios con ausencia de corazón! Convictos cual los más miserables de los pecadores. Confesamos que con aparente reverencia hemos añadido provocación a la impiedad. Lamentamos las agravantes de nuestra culpa. Reconocemos que, si no faltaran tus compasiones, habríamos sido arrojados de tu presencia y dejados abandonados por tu Espíritu Santo. Pero por amor a tu amado Hijo, atiende nuestra petición, y rocía todas las horas de todo nuestro culto pasado con los méritos expiatorios de su sangre preciosísima. Ojalá que los ruegos de la cruz clamen más fuerte que las acusaciones del servicio mal empleado.
Concede, oh concede, te imploramos encarecidamente, que este día sea testigo de un progreso profundo en nosotros. Concédenos las maravillosas bendiciones en rica abundancia que este día fue diseñado para impartir. Que sea enteramente consagrado a ti. Que en espíritu nos elevemos lejos de la tierra. Que nuestros corazones estén cerrados con firme cerrojo a la entrada de pensamientos o cuidados mundanos. Que nuestras almas estén escondidas en Cristo contigo. Envía tu paz, que sobrepasa todo entendimiento, como una inundación a nuestras mentes tranquilas. En público y en privado acércanos más a ti. Sean dulces nuestras meditaciones de ti. Sean nuestros ejercicios exteriores vida, libertad y gozo. Bebamos profundamente de las corrientes refrescantes que proceden del trono de Dios y del Cordero. Banquetémonos con el maná enviado del cielo de tu preciosa Palabra, y así recojamos fuerzas para la carrera hacia lo alto. Unta de nuevo el escudo de la fe, para que podamos apagar todos los dardos de fuego de Satanás.
Oye nuestro clamor por todos los ministros de tu evangelio eterno. Que Cristo llene tan ricamente sus corazones, que todos sus ministerios sean fragancia dulce de su gracia. Que él sea ensalzado en todos los púlpitos como la única esperanza, fuerza, sabiduría y redención de su pueblo. Que aprendamos en el santuario nuevas lecciones de su perfecta salvación. Que nuestros corazones estén cada vez más entrelazados con él. Que este sea el día de maravillas obradas por el Espíritu para nosotros y para todas las congregaciones del Dios viviente. Óyenos, respóndenos, bendícenos. Todo lo pedimos en el nombre de Jesús, y por amor de Jesús. Amén.
Fuente y atribución
Autor original: Henry Law
Título original: Family Prayers — Week 1 SUNDAY MORNING
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Henry Law, publicado originalmente en Grace Gems.