«Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser. Pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es» 1 Juan 3:2
Y les dijo: Cuando oréis, decid:
PADRE mío que estás en los cielos, acércate a mí esta mañana en tu propia misericordia infinita. «Sol de mi alma», que has puesto tu gloria sobre los cielos, eclipsando todo rayo creado, sea tu presencia una inspiración para mí. No necesito otra bendición si te tengo a ti. El retrospecto de la vida es un retrospecto de tu divino amor. Soy un monumento viviente de tu paciencia.
¡Con cuánta maravillosa paciencia has soportado mi ingratitud y mi obstinación; mis pecaminosas omisiones de deber conocido y mis pecaminosas comisiones de pecado conocido! Soy un mero estorbo de la tierra, y sin embargo me has perdonado. Por tus misericordias no soy consumido. Indigno de comer las migajas que caen de la mesa de mi Maestro, me concedes prueba tras prueba de una bondad inmerecida, despertándome cada mañana a nuevas causas de gratitud y alabanza filial.
Te bendigo por mi regeneración, mi preservación y por las múltiples bendiciones de esta vida. Sobre todo te bendigo por Jesucristo, el Hijo de tu amor; por todo lo que él ha hecho por mí, por todo lo que aún hace por mí. En él mecería todo mi temor y mi inquietud hasta reposar. En las palabras de tu santo apóstol que acabo de leer, me aferraría a la seguridad de una filiación presente en la familia de la cual él es el divino Hermano Mayor. «Amados, ahora somos hijos de Dios». Esta es la prenda de la herencia, hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria.
Concédeme que pueda andar como es digno de los privilegios de mi adopción, mirando hacia adelante con humilde pero triunfante confianza a la plena realización de la esperanza bienaventurada y de la gloriosa aparición de mi gran Dios y Salvador, cuando sea transformado a su divina imagen y semejanza, y le vea tal como él es.
Entretanto, que se me conceda gracia para purificarme a mí mismo, así como él es puro. Padre-Dios mío, guárdame de todo lo que tienda a alejarme de ti y a debilitar el vínculo filial y el afecto de hijo. Presérvame de un espíritu de egoísmo; de buscar solo el disfrute personal de tus dones, en lugar de hacer de ellos un uso agradecido y generoso para con los demás. De toda indolencia y pereza; de todo odio y envidia, celos y malicia; de toda ambición indigna y atractivo envilecedor; de todo lo que interfiera con el bienestar de mi hermano; de toda ruptura de la caridad, buen Señor, líbrame.
Bendice a mis amados amigos y parientes. Que ellos también sean vivificados por la misma perspectiva animadora y alentadora de alcanzar al fin la semejanza con Jesús. Que estén esperando y apresurando su venida; de modo que cuando la hora del advenimiento llegue, puedan levantar sus cabezas con gozo, sabiendo que su redención se acerca.
Promueve tu causa y tu reino por doquier. Que tus iglesias estén a la altura de sus responsabilidades como luces en el mundo, llamadas a brillar por ti y a difundir sagradas influencias a su alrededor. Apresura el día en que el reinado del pecado, del dolor y de la muerte sea para siempre terminado; cuando tu pueblo congregado, de toda nación, linaje y lengua, dé la bienvenida al Príncipe de Paz en el trono del imperio universal. Ten compasión de los enfermos y afligidos. Prepara a los moribundos para su gran cambio. Que ángeles estén esperando junto a su lecho de muerte, para llevar el espíritu que parte al seno del Salvador. Que todos los llamados a la tristeza y a la tribulación aquí — que hablan de lugares vacíos y ausencias en el círculo familiar, y lloran a sus seres amados y perdidos — confíen sumisamente, donde no logren comprender el misterio de tus caminos. ¡Oh, que estuviéramos siempre dispuestos y listos para seguirte, no solo por caminos llanos, sino donde la vía es áspera y el horizonte sombrío; viendo un arcoíris de promesa en cada nube, mirando más allá de los cambios y los azares de esta vida mortal — hacia el hogar del Padre de amor inmarcesible, donde estaremos «para siempre con el Señor»!
Vivifícame en este día, para correr la carrera del peregrino. Quita todo estorbo y todo impedimento. Que el sentido de tu favor penetre y santifique todas sus acciones. Que pueda cerrarlo como ahora comenzaría, llamándote «Padre mío».
«PADRE mío que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Perdónanos nuestros pecados, como también nosotros perdonamos a los que nos han ofendido. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del malo».
Fuente y atribución
Autor original: John MacDuff
Título original: Twelfth Morning
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de John MacDuff, publicado originalmente en Grace Gems.