He pensado a veces en la dulce figura de Salomón, como tipo de Cristo, en su liberalidad real para con la reina de Sabá. Leemos que él «dio a la reina de Sabá todo lo que ella quiso, cuanto pidió, además de lo que Salomón le dio de su generosidad real». Así nuestro Real Benefactor da a los hijos de los hombres más de lo que su corazón alcanza a pedir. Y lo que da, lo da libremente, de su generosidad real. Tan libremente como la lluvia cae del cielo, como el sol derrama sus rayos y madura los frutos del campo, como el viento recorre la tierra, como el rocío sobre la hierba matutina, así de libres son los dones de Dios a su Iglesia y a su pueblo.
Y en verdad, al dar a Cristo, Dios lo dio todo. El apóstol declara que nos «ha bendecido con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo». Nunca debemos mirar las bendiciones espirituales como fragmentos rotos del amor de Dios, migajas y retales dispersos, restos flotantes de un navío naufragado; debemos mirar las bendiciones del evangelio como todas almacenadas en Cristo, nuestra Cabeza del pacto. Lo que se da, se da de Cristo, en quien agradó al Padre que habitara toda plenitud; y es en virtud de la unión con él y de su plenitud que todas esas bendiciones se reciben. ¿Cómo podemos elevar nuestros pensamientos y nuestro corazón para concebir adecuadamente el don del Unigénito Hijo de Dios, el Hijo eterno del Padre en verdad y amor, dado desde el seno de Dios para hacerse carne, sufrir, sangrar y morir, y mediante una vida de sufrimiento y una muerte meritoria ofrecer un sacrificio aceptable a Dios, un sacrificio por el cual los pecados del pueblo de Dios fueron quitados para siempre? La fuente de toda la admiración, adoración y bienaventuranza eterna de los santos será el santo gozo del misterio de un Dios encarnado.
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Philpot
Título original: November 12
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.