Vivir victoriosamente

Amar al prójimo con las manos generosas

El buen samaritano nos muestra que amar al prójimo es servir con generosidad sin medida, incluso a los enemigos, así como Dios nos bendice abundantemente.

"Toda la ley se resume en un solo mandamiento: Amarás a tu prójimo como a ti mismo." Gálatas 5:14

Algunas personas no logran comprender qué significa amar al prójimo, según el mandamiento. Jesús lo explicó al contarnos lo que el buen samaritano hizo por el hombre herido en Lucas 10. Tuvo misericordia de él. Hizo precisamente lo que el hombre necesitaba que se hiciera. No se limitó a decir: "Lo siento por ti", sino que bajó de su asno y le brindó ayuda práctica. No le dio simplemente una ayuda pasajera para luego dejar al hombre tirado en el camino mientras seguía apresurado atendiendo sus propios asuntos. Se entregó por completo al cuidado del sufridor hasta sacarlo del peligro. Lo llevó a una posada. Aun entonces no se limitó a dejarlo en la puerta para que el posadero lo atendiera, sino que se quedó con él y lo cuidó toda la noche.

El amor significa el doble cuando sirve con sus propias manos.

Hay aún otro elemento en la ayuda que el buen samaritano dio, que aumentó la medida del amor al prójimo. Por la mañana tuvo que dejar al hombre herido para proseguir su propio viaje. Pero ni siquiera entonces consideró que había hecho todo lo que debía hacer por él. Así que proveyó para su cuidado durante todo el tiempo que el hombre lo necesitara, sin descargar la responsabilidad sobre otro, ni aprovechar la necesidad de partir para dar por terminado su ministerio en favor de aquel hombre. Ya no podría cuidarlo en persona por más tiempo, pero asumió como propia, como parte de su deber de amor aún inconcluso, todo lo que el hombre aún necesitaría que se hiciera por él. Dio dinero al posadero, pidiéndole que cuidara al hombre herido hasta que se recuperara por completo. Aun así no estaba conforme. No dejaría ninguna eventualidad de necesidad sin proveer, así que dijo al posadero: "Al día siguiente sacó dos monedas de plata y se las dio al posadero. 'Cuídamelo', le dijo, 'y cuando yo vuelva te pagaré cualquier gasto adicional que tengas'."

Esto fue amor de verdad, amor que colmaba su medida. Muchos hombres habrían sentido que ciertamente habían hecho todo lo que se requería de ellos al ayudar al desafortunado sufriente a través de su gran apuro, llevándolo a la posada y cuidándolo durante la noche. Habrían dicho que otros debían ya hacer su parte. Pero el buen samaritano no escatimó la medida de su amor de esa manera. No buscó deshacerse de la responsabilidad que había asumido, aun cuando había hecho todo lo que podía quedándose a hacer con sus propias manos; consideró el cuidado de este hombre como propio, hasta que quedara enteramente restaurado, y proveería para todo lo que pudiera necesitar.

Esto, debemos recordarlo, fue la propia interpretación e ilustración de nuestro Señor sobre lo que significa amar al prójimo. Esta es la manera en que debemos amarlo. No hemos de detenernos ante ningún costo. No debemos hacer por él solamente lo que necesita, y apenas lo suficiente para llevarlo a través de su angustia; hemos de ser generosos en nuestro amor y en nuestra ayuda.

Hay otra palabra de nuestro Señor que indica el mismo deber: "A quien te obligue a llevar una milla, ve con él dos." Aun con las personas exigentes, que demandan egoístamente nuestro servicio, hemos de hacer el doble de lo que piden.

Esa es la manera en que Dios nos ayuda: nos bendice no de forma mezquina, sino abundantemente. Hace por nosotros mucho más de lo que le pedimos. Suple toda nuestra necesidad conforme a sus riquezas en gloria.

Nosotros representamos a Dios en este mundo, y debemos ayudar como él ayuda, nunca con tacañería, sino siempre con generosidad y abundancia.

La lección aparece aún más fuerte y más hermosa cuando recordamos que fue un samaritano quien aquí amó a su prójimo, y que el prójimo era un judío, un enemigo. Es natural y fácil para nosotros hacer cosas amorosas y amables por nuestros amigos; por un amigo algunos incluso se atreverían a morir; pero el amor que se nos enseña a mostrar debe estar dispuesto a servir a los enemigos.

Fue así como Jesús interpretó la antigua ley: "Habéis oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo. Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, y orad por los que os persiguen." Debemos notar también la palabra que Jesús usa. No dice: "Tolera a tu enemigo, o ten paciencia con él", sino "Ámalo." No hacerle ningún daño al enemigo, simplemente pasarlo por alto y dejarlo en paz, sería más fácil. Pero esa no es la manera en que dice la ley. Es: "Ama a tu enemigo."

Fuente y atribución

Autor original: J. R. Miller

Título original: What Loving My Neighbor Means

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.

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