Incienso vespertino

Aptos para la herencia celestial

Una oración vespentina que clama por ser hechos aptos para la herencia celestial, muriendo cada día al pecado y viviendo como peregrinos hacia una patria mejor.

"Dando gracias al Padre, que nos ha capacitado para participar de la herencia de los santos en el reino de la luz." Colosenses 1:12

O mi Padre, entro en Tu grata presencia en este final de otro día, suplicándote que aceptes mi sacrificio vespertino. Que esta mi indigna oración suba delante de Ti, perfumada con el fragante incienso de los adorables méritos del Salvador. Es mi consuelo saber, oh bendito Intercesor dentro del velo, que Tú estás ahora mismo compareciendo en la presencia de Dios por mí. Los nombres de Tu pueblo del pacto están grabados en Tu pectoral, y, aun siendo indignos en sí mismos, son aceptados en el Amado.

Mi oración especial a Ti esta noche es que, por Tu gracia, yo sea hecho apto para la herencia que Tu sangre compró en la Gloria. Transfórmame por el poder morador del Espíritu Santo; que yo vaya muriendo cada día al pecado, y viviendo cada día a la justicia. Hazme más celestial de mente. Dame más una actitud de peregrino y un espíritu de peregrino. Que yo sienta siempre que mi verdadero hogar está arriba, que aquí no soy más que un caminante y peregrino, como lo fueron todos mis padres. Que yo alcance, a medida que me acerque más al Cielo, el bendito hábito de una vida santa, llevando en mí la noble impronta de uno que ha nacido de arriba y para arriba, declarando claramente que busco "una patria mejor."

Que yo no cuestione los designios de Tu infinita sabiduría, sino que espere pacientemente las revelaciones de aquel gran día. Guárdame de un espíritu apresurado bajo oscuros tratos. No soy yo quien juzga qué misericordias imaginarias es mejor retener. Que yo considere cada prueba como un mensajero enviado desde el Trono que susurra a mis oídos: "¡Estate preparado!" Que yo me deleite a menudo en anticipar aquel tiempo feliz cuando ya no sufriré más ni pecaré más; cuando Tú ya no me enseñarás por medio de tratos misteriosos y una voluntad contrariada; cuando todo será "un mar de cristal" sin una sola onda perturbadora, y yo trazaré con corazón gozoso la larga línea de Tu amor inquebrantable y Tu fidelidad inmutable. De nuevo me lavaría en la fuente expiatoria. De nuevo me refugiaría en "la fiel palabra." Oh, borra todos los pecados del día que ha pasado. Que no se levanten en el Juicio para condenarme. Que cierre mis ojos esta noche escuchando la propia voz del Salvador: "Tus pecados, que son muchos, todos te son perdonados."

Que el Señor se levante y tenga misericordia de Su Sion espiritual. Que las corrientes de Tu gracia alegren la ciudad de Dios. Edifica sus muros derribados; restaura sus torres arruinadas; que sus atalayas sean hombres de fe y hombres de oración.

O mi Padre, bendice a mis amigos. Exultemos en aquellos lazos que sobreviven a los inciertos de la tierra, y miremos hacia la hora en que habremos de comparecer al fin sin tacha delante de Tu Trono. Oh, prepáranos a todos para el despuntar de aquel día eterno, de aquella "mañana sin nubes", cuando el amor de Cristo sea entronizado soberanamente en cada corazón, cuando la gloria de Cristo forme el motivo animador y el principio de una vida que nunca habrá de acabar. Todo cuanto pido, es por Su amor. Amén.

"Suba mi oración delante de ti como el incienso, y el alzar de mis manos como el sacrificio de la tarde."

Fuente y atribución

Autor original: John MacDuff

Título original: Prayer for Fitness for Heaven

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de John MacDuff, publicado originalmente en Grace Gems.

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