«He pecado contra Jehová… Jehová también ha perdonado tu pecado; no morirás.» 2 Samuel 12:13
«Porque si nos juzgáramos a nosotros mismos, no seríamos juzgados.» 1 Corintios 11:31
El que con sincero arrepentimiento se acusa y se juzga a sí mismo, sin depender de las obras de justicia que haya hecho, sino mirando a la misericordia de Dios por medio de su amado Hijo, puede esperar recibir el perdón de todos sus pecados de una sola vez, aunque el castigo pueda seguir. Porque los perdones no se otorgan en medidas diversas, como ocurre con los dones espirituales. Dios, por medio de Cristo, recibe a la persona entera del pecador arrepentido en su favor, perdonando tanto los pecados originales como los actuales en un solo instante, de modo que o ninguno o todos son perdonados. Pero aunque el arrepentimiento es necesario para humillar al pecador y conducirlo a Cristo, sin embargo ningún pecado se perdona a causa de este arrepentimiento, sino únicamente por la fe en la sangre de Cristo. Esto es lo que las purificaciones de la ley ceremonial estaban destinadas a representar. Esta fuente lava la culpa de todos los pecados, por muy numerosos y graves que sean. Pues está escrito: «La sangre de Cristo nos limpia de todo pecado» (1 Juan 1:7). Y: «Dios, por amor de Cristo, os ha perdonado» (Efesios 4:32).
Fuente y atribución
Autor original: Carl Heinrich von Bogatzky
Título original: A Golden Treasury for the Children of God — May 28
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Carl Heinrich von Bogatzky, publicado originalmente en Grace Gems.