ATARDECERES SOBRE LOS MONTES HEBREOS
ATARDECERES SOBRE LOS MONTES HEBREOS
por John MacDuff
INTRODUCCION
Si las paginas siguientes contuvieran un mero recuento y registro de escenas de lecho de muerte, formarian un volumen sombrio.
Sin embargo, este no es su proposito. Aunque el autor se ha detenido en ocasiones (como en los dos primeros capitulos) en las horas finales de los varones ilustres de la Escritura —siempre que se registran incidentes notables en relacion con ellos—, por lo general ha preferido, mas bien, hacer de sus "ultimos dias" el punto de partida para una mirada retrospectiva del caracter y la historia. Su empeno ha sido inculcar, no tanto lecciones extraidas de la muerte, como lecciones de la vida contemplada desde su final solemne. Como ha observado un escritor elocuente: "La muerte es a menudo, a la vez, el cierre y el compendio de la existencia. Es el indice al final de un volumen. Todas las cualidades de un hombre parecen congregarse en torno a el cuando esta a punto de dejar el mundo." A menudo, ademas, hay una gloria amortiguada que rodea la hora de la disolucion. Los santos de Dios son como los arboles del bosque en sus doradas tonalidades otonales: mas majestuosos en su declive, cuando la mano de la muerte se posa sobre ellos. Con frecuencia oyen, como el heroe de Bunyan, campanas lejanas de la tierra de Beula. Angeles ministros parecen traer sorbos del rio de la vida, para refrescar sus espiritus en el conflicto final.
Acaso el nombre escogido para el libro requiera, para algunos, explicacion. Si consideramos el mundo de la naturaleza como un volumen TIPologico, lleno de analogias sugerentes —exponente e interprete del mundo del espiritu—, ningun simbolo es, sin duda, mas impactante y apropiado que el "ATARDECER" para la muerte. Cada tarde, al ponerse el sol, tenemos un tipo permanente y una parabola perdurable del fin de la vida, asi como una prenda y profecia del resurgir en la manana eterna. El Dios de la naturaleza, en este su propio jeroglifico, refrenda la hermosa declaracion de su Palabra: "Considera al hombre integro, y mira al justo; porque el fin de ese hombre es paz" (Sal. 37:37). En apoyo de estas afirmaciones, podria remitirse a los versos lema de algunos de nuestros mejores poetas que encabezan los capitulos siguientes. Se vera que estos maestros del canto sagrado, en sus descripciones de la muerte del creyente, se han aferrado con carino a la misma imagen conmovedora. Han mojado sus pinceles en los dorados matices de un cielo occidental.
Pocos habran contemplado un atardecer esplendoroso sin la misma asociacion sugerente. Incomparablemente, la escena mas grandiosa que el autor jamas presencio en la naturaleza fue un atardecer sobre el Mont Blanc. La "montana monarca" habia aparecido durante el dia bajo efectos cambiantes, mudables y caprichosos de luz y sombra: en un momento vapores blancuzcos, en otro, masas mas oscuras que velaban su forma gigantesca. Sin embargo, al acercarse la tarde, todo ello se disipo: ni una nube flotaba en el aire quieto del verano cuando el orbe resplandeciente se apresuro a su ocaso. La vasta e irregular piramide de nieve se convirtio en una masa de carmesi delicadamente iluminado. Al poco tiempo, las sombras de la noche fueron trepando por el valle, hasta que nada mas que la cima de la montana conservo el resplandor febril de una vida que se apaga: una corona de gloria efimera. Esta tambien, a su vez, se desvanecio lenta e impresionantemente. El sol flameante de aquella larga tarde se hundio detras de la cordillera opuesta de los Alpes; y la masa colosal al frente, que pocos minutos antes habia brillado con esplendor rubi, cayo ahora en un tono gris frio, como si hubiera tomado ropas de cilicio y ceniza a cambio del resplandor, el calor y la luminosidad de la vida. La imagen y el emblema no podian malinterpretarse. Ambos companeros espectadores, en aquel instante, expresaron la misma sugerencia irresistible: ¡Que simbolo tan sublime! ¡Que fotografiatan imponente y terrible de la MUERTE!
Pero no era esto todo. Cuando aquel ultimo resplandor livido se demoraba en las cumbres, iluminando las joyas de esta diadema de hielo, el sol mismo en realidad ya se habia puesto: habia descendido tras la linea del horizonte. El valle abajo llevaba tiempo durmiendo en la sombra, y luces parpadeaban en los chalets. Esto tambien tenia su irresistible significado y leccion espiritual, una leccion que se repite una y otra vez en las paginas siguientes: el resplandor del atardecer perdura despues de que el curso terrenal ha concluido; ¡la influencia de un hombre sobrevive a la muerte! Estos gloriosos astros del tiempo antiguo se han puesto desde hace miles de anos, pero su brillo amortiguado sigue iluminando las cumbres del mundo. Aunque muertos, aun "hablan".
No hay ensenanza tan interesante ni tan provechosa como la biografia inspirada. No hay lecciones tan sublimes ni tan sugerentes como las que se derivan del estudio de la vida y el caracter de los grandes heroes del pasado, que lucharon varonilmente a traves de la prueba y la tentacion hasta ser coronados con la victoria. Ellos son, en verdad, los grandes "artistas" del mundo. Han moldeado la vida. Por maravillosas que sean las concepciones labradas por el cincel del escultor en el marmol que respira, ¿que son, al fin y al cabo? Creaciones mudas: expresiones sin alma, inanimadas, de belleza y poder. Mas grande, y mas semejante a lo divino, ha sido sin duda la obra de aquellos "grandes del tiempo antiguo" que, con sus palabras y sus hechos, han influido en edades sucesivas y han esculpido los rasgos morales de la humanidad.
Es el humilde deseo del autor servir de guia a sus lectores por estos corredores del tiempo antiguo, ricos en esta nobilisima escultura. En medio del rumor de una industria afanosa; en medio de la carrera por las riquezas; en medio de las ruedas y las lanzaderas del trabajo —en el mostrador, en la bolsa, en la casa, en la familia—, aprendamos de estas grandes biografias como vivir y como morir. Cada personaje delineado en la narrativa sagrada, si lo leemos con rectitud, encierra alguna gran leccion individual para este mundo de trabajo: algun principio o gracia espiritual que hariamos bien en ponderar; sea fe, o fortaleza, o paciencia, o sacrificio, o sumision, o resistencia, o honor escrupuloso. En algunos de los ejemplos escogidos tenemos faroles que advierten; pero, en lo principal, estan destinados a guiar, estimular e instruir. Observemos la lucha de la vida, y aprovechemos su desenlace. Veamos como estos candidatos a la inmortalidad corrieron su carrera y alcanzaron su meta, y vayamos "y hagamos nosotros lo mismo".
Con una sola excepcion, por razones expuestas en el capitulo mismo, el autor ha limitado los "Atardeceres" a los ocurridos en "los montes hebreos". Aunque ello lo ha obligado a excluir a varios conocidos personajes biblicos, le ha permitido, a la vez, fijar los limites necesarios al volumen e incluir algunos nombres menos conocidos y familiares en el catalogo de los varones ilustres hebreos. No se atrevera a ofrecer excusa alguna por las imperfecciones del volumen ni por la justicia insuficiente rendida a un tema tan grande. Tal como es, encomienda estos recuerdos del "atardecer" a la Cabeza suprema de la Iglesia, con la ferviente esperanza y oracion:
"Que a menudo desde aquel otro mundo sobre este brille algun destello de las grandes almas que nos precedieron, para derramar sobre los corazones que luchan una dicha mas limpia, y revestir la verdad de un resplandor mas divino."
Fuente y atribución
Autor original: John MacDuff
Título original: SUNSETS ON THE HEBREW MOUNTAINS
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de John MacDuff, publicado originalmente en Grace Gems.