Palabras diarias para los peregrinos de Sion

Atribulados por doquier, pero nunca sin salida

El santo de Dios es atribulado por todas partes, porque tiene una vida espiritual y otra temporal que son conformadas a Cristo; pero nunca queda encerrado sin salida, pues Dios le abre camino de escape.

El santo de Dios es atribulado en todo, porque tiene por todas partes donde puede ser atribulado un lado espiritual así como un lado temporal, un lado en su alma así como un lado en su cuerpo, un lado en su vida sobrenatural así como en su vida natural, un lado en el nuevo hombre de gracia así como en el viejo hombre de pecado. Y como le es necesario ser conformado a la imagen sufriente de Cristo, la tribulación viene sobre él por todas partes y de todas direcciones para hacerlo semejante a su bendito Señor. Más aún, sus tribulaciones se multiplican en proporción a su gracia, pues cuanto más abundan las aflicciones, más abundan también las consolaciones; y una abundancia de consolación no es sino una abundancia de gracia. Así, cuanta más gracia tenga, mayores serán sus sufrimientos; y cuanto más ande en un camino agradable al Señor y conforme a su voluntad y palabra, más será bautizado con el bautismo de dolor y tribulación con el cual su gran Cabeza fue bautizado antes que él.

Mas no angustiados. Las palabras no angustiados significan literalmente que no estamos encerrados en un lugar estrecho del cual no haya salida alguna. Corresponde a una expresión del apóstol en otro pasaje, donde dice que Dios, con la tentación, dará también la salida, para que podáis soportarla; y concuerda con las palabras de David: Tú has conocido mi alma en las adversidades. Ahí está la tribulación por todas partes. Pero añade: Y no me has entregado en mano del enemigo; has puesto mis pies en lugares anchosos. No ser entregado en mano del enemigo es no ser abandonado por Dios al golpe mortal del adversario; y tener los pies puestos en un lugar amplio es tener un espacio para moverse, uno que ofrece escape de la muerte y la destrucción.

Así, el cristiano moribundo tiene un Dios al cual acudir; un Salvador en cuyos brazos puede echar su alma cansada; un bendito Espíritu que de tiempo en tiempo alivia sus dudas y temores, aplica una dulce promesa a su espíritu abrumado, le da resignación y sumisión ante la mano afligente de Dios, e ilumina el oscuro valle de la sombra de muerte que ha de recorrer con un bendito rayo de luz del evangelio.

Fuente y atribución

Autor original: J. C. Philpot

Título original: August 19

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.

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