Aun cuando Cristo nos envía, podemos encontrar tormentas. Así sucedió aquí: los discípulos fueron enviados por su Maestro, aun apremiados por Él a salir al mar, y, con todo, se desató una tempestad terrible. No debemos esperar que, apenas empezamos a obedecer a Cristo, soplen siempre vientos favorables. Ni hemos de concluir, cada vez que hallamos obstáculos en lo que hemos emprendido, que vamos por mal camino y que esas dificultades son señales providenciales de que no debemos continuar.
Son providenciales, sí; pero pueden tener una misión muy distinta: inspirarnos una fe más robusta y un esfuerzo mayor. Jesús envió solos a sus discípulos, y, sin embargo, en toda su vida tuvieron pocas experiencias más provechosas, aunque aquella noche fue de terror. Conocieron mejor que nunca su necesidad de Cristo, y recibieron una nueva revelación de su poder y su gloria, que nunca habrían tenido si Él no se hubiera quedado atrás y luego venido a ellos sobre las aguas.
No vemos la cruz de Cristo hasta que somos dejados en la noche de la convicción. Nunca entendemos la dulzura del consuelo divino si no hemos conocido la tristeza. Así que puede ser bendición para nosotros adelantarnos a veces un trecho solos, para aprender lecciones que no podríamos aprender con Cristo a nuestro lado. Al menos, podemos aprender nuestra necesidad de Él.
Fuente y atribución
Autor original: J. R. Miller
Título original: Miller's Year Book - November 14
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.