Entrar en el camino de la vida es una cosa; avanzar en él es algo muy distinto. Hay que temer que muchos se conforman con tenerciertas ciertas bases para esperar que la buena obra ha comenzado en ellos; pero tales personas necesitan que se les recuerde que una de las evidencias más concluyentes de un cambio de corazón es un ardiente deseo de una medida creciente de prosperidad espiritual. Ningún verdadero cristiano puede satisfacerse con sus logros presentes; su gran preocupación será seguir adelante hacia la meta del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús. Si queremos experimentar la verdadera bienaventuranza de una vida piadosa, es indispensable que "avancemos."
Supongamos que los habitantes de un país se hallan en una situación muy miserable, sufriendo la mayor angustia y expuestos además al más inminente de los peligros. Se les habla de otra tierra en la cual, apenas pongan el pie en sus orillas, estarán a salvo; y que si tan solo continúan avanzando, encontrarán los tesoros más ricos y una abundante provisión de todo cuanto pueda contribuir a su felicidad. Se embarcan en su viaje y al fin la alcanzan con seguridad. Pero, después de haber entrado apenas en sus fronteras, y de sentir que ya están librados de los peligros a los que antes estaban expuestos, se establecen allí, satisfechos con su suerte presente y agradecidos por ella. Sin embargo, al permanecer donde están, en lugar de abrirse camino hacia el corazón del país, siguen siendo en gran medida extraños a su desbordante fertilidad.
Así sucede con muchos en lo referente a sus intereses espirituales. Han sido llevados a ver el peligro del estado natural de su alma, y han sentido una profunda preocupación por ser librados de él. Otro estado, el de la gracia y la salvación, se les ha presentado en el evangelio, y esperan haberlo alcanzado. Pero cuántos, apenas llegado a él, se quedan en sus arrabales, casi por completo ignorantes de lo que se encuentra más adelante. Confían en haber cruzado el abismo de separación que divide la ciudad de destrucción del refugio de seguridad y paz; pero eso es todo. De la grosura de la tierra en la que han entrado, poco o nada conocen.
¡Cuán importante es, pues, el mandato: "Habla a los hijos de Israel, que avancen"! Tal, lector, es la palabra de exhortación que ahora quisiéramos dirigirte. Avanza, y el horizonte se tornará más luminoso, el aire más suave y el cielo más claro y sin nubes a cada paso que des. Avanza, y el suelo será cada vez más fértil; en lugar de vagar entre desiertos arenosos y peñascos rocosos, encontrarás verdes pastos en los cuales te acostarás, y aguas tranquilas junto a las cuales serás guiado como el Salmista de antaño. Avanza, y poseerás una tierra de riqueza desconocida, y en ella disfrutarás de una heredad verdaderamente excelente.
Sea cual fuere el progreso que hayamos hecho en la vida divina, nuestro deber sigue siendo el de seguir adelante. Al creyente más adelantado puede decirse: "¡Queda aún mucha tierra por poseer!" Sea, pues, nuestro lema: "¡Más adelante, más adelante aún!" y que consideremos nuestros éxitos pasados únicamente como acicates para un esfuerzo renovado.
Fuente y atribución
Autor original: John MacDuff
Título original: The Important Command
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de John MacDuff, publicado originalmente en Grace Gems.