Oh Dios eterno y sempiterno, que una vez más has iluminado mis ojos y no me has dejado dormir el sueño de la muerte, concede hoy sobre mí las riquezas de tu gracia y de tu amor. Mañana tras mañana despunta con nuevas muestras de tu misericordia; ojalá me acerque más al día glorioso que no conocerá noche, aquel mediodía eterno en que toda sombra y tiniebla huirán para siempre.
Señor, no soy digno de entrar en tu presencia, y, con todo, debo lamentar que no siento esta indignidad tan profundamente como debiera. No quiero verme en las profundidades desconocidas de mi pecado: no me conozco a mí mismo. He sepultado en el olvido muchas transgresiones pasadas y me he engañado pensando que eran demasiado triviales para incurrir en tu desagrado. Hasta el bien imperfecto que tu gracia me ha permitido hacer, he tendido a atribuírmelo en lugar de rendirte toda la alabanza. Ha habido orgullo en mi humildad, motivos mezclados en mis mejores servicios; el día más santo que jamás pasé, si fuese juzgado por él, me condenaría.
Tú que escudriñas a Jerusalén con candelas encendidas, escudriña mi corazón. Llévame al lugar del publicano, a exclamar en humildad que se renuncia a sí mismo: «¡Dios, sé propicio a mí, pecador!» Dame un sentido tan hondo y conmovedor de mi vileza, que jamás me sienta seguro sino cerca de la fuente expiatoria, sacando de ella provisiones hora tras hora. Sea mi ambición diaria parecerme más a ti, reflejando más la imagen y bebiendo más el espíritu de mi divino Redentor, para que en torno a mí se difunda la atmósfera de santidad y de cielo. Amén.
Fuente y atribución
Autor original: John MacDuff
Título original: FOR DEEPER VIEWS OF SELF
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de John MacDuff, publicado originalmente en Grace Gems.