Las promesas de Dios son razones poderosas para que busquemos la santidad; debemos limpiarnos de toda inmundicia de carne y de espíritu. Si esperamos en Dios como nuestro Padre, debemos procurar ser santos como él es santo, y perfectos como nuestro Padre que está en los cielos. Su gracia, por las influencias de su Espíritu, es lo único que puede purificar, pero la santidad debe ser el objeto de nuestras oraciones constantes. Si los ministros del evangelio son tenidos por despreciables, hay peligro de que el evangelio mismo sea también despreciado; y aunque los ministros no deben adular a nadie, con todo, deben ser amables para con todos. Los ministros pueden esperar estima y favor, cuando pueden apelar con seguridad a la gente de que no han corrompido a nadie con doctrinas falsas ni con lisonjas; de que no han defraudado a nadie; ni han procurado promover sus propios intereses de manera que dañen a alguno. Fue el afecto hacia ellos lo que hizo al apóstol hablar tan libremente con ellos, y lo que le hizo gloriarse de ellos en todo lugar y en toda ocasión.
Él se regocijó en que ellos se entristecieran hasta el arrepentimiento (
Fuente y atribución
Autor original: Religious Tract Society
Título original: Devotional and Practical Commentary — 2 Corinthians 7:1-4
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Religious Tract Society, publicado originalmente en Grace Gems.