Las vigilias nocturnas

Comparecer ante el tribunal de Cristo

El creyente ya absuelto aguarda con esperanza el día en que Cristo, su Salvador, será también su Juez justo.

¡Todos deben comparecer! No hay escapar de su escrutinio indagador. Creyente, para ti no hay terror en aquel ajuste de cuentas venidero. El trato judicial entre tú y tu Dios ya pasó. Ya estás absuelto. El momento en que te arrojaste a la cruz de tu amado Señor, la sentencia de «¡No culpable!» se pronunció sobre ti; y «si Dios es el que justifica, ¿quién condenará?» Pero esta sentencia será ratificada y públicamente proclamada ante un mundo congregado. En aquel gran día de revelaciones, Dios vengará a sus escogidos. Todas las calumnias e infamias amontonadas sobre su carácter serán borradas. En presencia de demonios, ángeles y hombres, saldrá de los labios del Omnisciente la sentencia aprobatoria: «¡Entra en el gozo de tu Señor!»

¿Y quién ha de ser tu juez? ¿Quién se sentará en aquel tribunal de rectitud infalible, ante quien toda rodilla se doblará y todo corazón quedará descubierto? «Porque ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por AQUEL VARÓN a quien designó». «¡Aquel Varón!» ¡Oh, no es un extraño! ¡Es el que murió por ti! ¡El que ahora intercede por ti! ¡El que entonces se levantará para defender tu causa, vindicar tu integridad y lanzar el desafío a todo adversario que reclame: «¿Quién acusará a los escogidos de Dios?» Lector, procura conocer a este Mediador Dios-Hombre en un trono de gracia, antes de encontrarlo en un trono de juicio. Procura que tu nombre esté ahora inscrito en el Libro de la Vida, para entonces oírlo confesado ante «su Padre y los santos ángeles».

¡Qué incentivo para aspirar más a la santidad y a logros espirituales más altos, recordar que los galardones de aquel día y de la eternidad serán determinados por las transacciones del tiempo! Es un gran principio bíblico que, aunque justificados por la fe, seremos juzgados por las obras. No más: aunque de principio a fin Jesús, y solo Jesús, es la causa meritiva de la salvación, las obras que fluyen de la fe en Él y del amor a Él regularán el grado de la bienaventuranza futura; si seremos entre los «mayores» o «los menores del reino»; si ocuparemos los contornos de la gloria o giraremos en órbitas alrededor del trono en el resplandor de la presencia inmediata de Dios.

¿Si aquel toque de trompeta sonara ahora en tu oído, estarías preparado con la respuesta gozosa: «¡Ven, Señor Jesús!»? Procura vivir en este hábito de santa preparación, para que aun el clamor de medianoche no te tomase por sorpresa; para que la citación que resultará tan estremecedora para un mundo dormido, fuera para ti el heraldo de la gloria: «¡Viene, viene a juzgar la tierra!» ¡Oh la bienaventuranza de poder, con dulce confianza en la segunda venida del Salvador, recostarme noche tras noche y decir: «Aunque la trompeta del juicio rompa sobre mis oídos, en paz me acostaré y dormiré, porque solo tú, Señor, me haces vivir confiado». — Salmo 4:8

Fuente y atribución

Autor original: John MacDuff

Título original: THE JUDGMENT OF GOD

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de John MacDuff, publicado originalmente en Grace Gems.

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