En esta SOLEMNE CONFESIÓN, es grato observar que David nombra claramente su pecado. No lo llama homicidio, ni habla de él como una imprudencia por la cual un accidente desafortunado le ocurrió a un hombre digno, sino que lo llama por su verdadero nombre: la culpa de sangre derramada. Él no mató realmente al esposo de Betsabé; pero aun así fue planeado en el corazón de David que Urías fuese muerto, y fue su asesino delante del Señor.
Aprende en la confesión a ser honesto con Dios. No des nombres hermosos a pecados asquerosos. Llámalos como quieras, no olerán más dulce. Lo que Dios ve que son, eso debes esforzarte por sentir que son; y con toda apertura de corazón, reconoce su verdadero carácter.
Observa que David estaba evidentemente oprimido por la gravedad de su pecado. Es fácil usar palabras, pero es difícil sentir su significado. El salmo cincuenta y uno es la fotografía de un corazón contrito. Busquemos la misma quebrantadura de corazón; pues por excelentes que sean nuestras palabras, si nuestro corazón no es consciente de que el pecado merece el infierno, no podemos esperar hallar perdón.
Nuestro texto contiene UNA ORACIÓN FERVIENTE: está dirigida al Dios de salvación. Es Su prerrogativa perdonar; es Su mismo nombre y oficio salvar a los que buscan Su rostro. Mejor aún, el texto lo llama el Dios de mi salvación. Sí, bendito sea Su nombre, mientras aún voy a Él por la sangre de Jesús, puedo regocijarme en el Dios de mi salvación.
El salmista termina con UN VOTO LOABLE: si Dios lo libra, él cantará; más aún, cantará «en voz alta». ¿Quién puede cantar de otro modo ante una misericordia como esta?
Pero nota el tema del canto: «Tu justicia». Debemos cantar de la obra acabada de un Salvador precioso; y el que más conoce del amor que perdona, cantará con más fuerza.
Fuente y atribución
Autor original: Charles Spurgeon
Título original: April 7 — Evening
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.