¿Y es este el proceder del Señor contigo, amado mío? ¿Te desconciertan los laberintos por los que vas trazando tus pasos, las circunstancias enredadas de tu historia presente? No te consideres solo en esto. Ningún misterio ha caído sobre tu senda que no sea común a la única familia de Dios: «Esta honra tienen todos sus santos». El Pastor te conduce, como a todo el rebaño, con mano diestra y por camino recto. A ti te toca estar firme si Él te lo manda, o seguir si Él te guía. Él no da cuenta de ninguno de sus asuntos, partiendo de que sus hijos tienen tal confianza en su sabiduría, en su amor y en su rectitud, que en toda la obra admirable de sus tratos con ellos pueden «estar quietos y saber que Él es Dios».
Echa una mirada al pasado y mira cuán poco has comprendido jamás de todo el camino por el que Dios te ha conducido. ¡Qué misterio —acaso hoy mejor explicado— ha envuelto todos sus procederes! Cuando José, por ejemplo, fue arrancado del hogar de su padre, vendido y llevado como esclavo a Egipto, no podía descifrar una sola sílaba de aquella página tan decisiva de su historia. Y, con todo, el camino de Dios con su siervo fue perfecto. Y así también con el anciano Jacob. El hambre, la separación de Benjamín, la conducta amenazante del primer ministro del Faraón, arrancaron de sus labios el lamento: «Todas estas cosas están contra mí». Todo estaba velado en un misterio profundo y doloroso. Así fue con Job, a quien Dios habló desde el torbellino que barrió de su morada todo rastro de abundancia y de consuelo doméstico. Y así también con Noemí, cuando exclamó: «No me llaméis Noemí, llamadme Mara, porque el Todopoderoso me ha tratado muy amargamente. Salí llena, y el Señor me ha hecho volver vacía». Que sea honra de Dios el esconder las cosas debiera, a nuestra vista, justificar todo su proceder doloroso y humillante con nosotros. «Gloria de Dios es encubrir un asunto», como será para su gloria sin fin, andando el tiempo, revelarlo todo plenamente. Pero hay una cosa, oh cristiano sufriente, que Él no puede ocultar. No puede ocultar el amor que es el manantial y el fundamento de toda su conducta con sus santos. Haga lo que haga, oculte lo que oculte, sea su carro la nube espesa y su camino en el mar profundo, su amor se delata a pesar de todo, aunque vaya disfrazado en una providencia oscura e impenetrable. Hay tonos suaves y tiernos en los acentos más rudos de la voz de nuestro José. Y el que tiene un oído siempre atento al Señor exclamará con frecuencia: «Habla, Señor, como, cuando y donde quieras: ¡es la voz de mi Amado!».
Fuente y atribución
Autor original: Octavius Winslow
Título original: Evening Thoughts - January 6
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.