Jesús mostró una entrega perfecta al Padre. Llamarlo «Padre» no fue una fórmula piadosa; era su ancla. Frente a la burla, la injusticia y la cruz, no perdió su confianza, aunque parecieran retirarse todas las señales visibles de alivio.
También nosotros podemos entregar nuestras tormentas al Dios que guía. Cuando la oscuridad aprieta y no entendemos el porqué del camino, elevar el corazón y decir: «Padre, cuida de mí», devuelve serenidad al alma cansada.
Del que vive con la mirada puesta en Dios brota una paz profunda. Las preocupaciones siguen en la superficie, pero no gobiernan el centro. La promesa divina no elimina todo dolor, pero lo coloca bajo la mano sabia del Señor.
No hay contradicción entre sentir opresión y descansar en Dios. La cruz dejó una certeza firme: aun lo que parece contrario queda bajo el gobierno del Padre. Cuando se quiebran planes, relaciones o seguridades, Él sostiene a los suyos.
Entregar el camino a Dios quita el peso del yo controlador y devuelve al corazón la libertad de obedecer. La fe madura cuando deja de aferrarse a su propia explicación y empieza a reposar en la justicia y bondad del Padre.
Fuente y atribución
Autor original: John MacDuff
Título original: COMMITTING OUR WAY TO GOD
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de John MacDuff, publicado originalmente en Grace Gems.