“Para conocerle, y el poder de su resurrección, y la comunión de sus padecimientos.” Filipenses 3:10
Dios Todopoderoso, acércate a mí esta noche en tu gran misericordia. ¿Qué soy yo, esa nada, indignidad y pecaminosidad, para que se me permita estar en presencia de una pureza, majestad y gloria infinitas? Señor, no me habría atrevido a postrarme ante tu escabel por mis propios méritos. Soy pobre y miserable, y cuitado, y ciego, y desnudo. No entres en juicio con tu siervo, porque ante tus ojos ningún viviente puede ser justificado.
Mas, sea adorado tu nombre, tengo un fundamento de confianza plenamente suficiente para acercarme a ti. Te bendigo porque, por la obra y la muerte de Jesús, has abierto un camino de reconciliación para los principales de los pecadores. Oh, concédeme conocer más plenamente la adecuación de su persona y de su obra a todas las necesidades y exigencias de mi carácter y mis circunstancias. Que le conozca en su divinidad infinita — como “poderoso para salvar”; en su humanidad sin mancha — como poderoso para compadecerse. Que le conozca en todos sus oficios — como...
mi Profeta, mi Sacerdote, mi Rey,
mi Pariente-Redentor tras el velo,
mi Refugio en la angustia,
mi Guía en la perplejidad,
mi Sostén en la muerte,
mi Porción por la eternidad!
Me regocijo, bendito Jesús, en los manantiales ocultos de vida que moran en ti. Eres adecuado a todas las variadas necesidades y circunstancias y pruebas de tu pueblo — para cada momento de necesidad, para cada diversidad de situación.
Oh, mejor que el mejor de los amigos terrenales, que, aunque entronizado entre los hosannas de los ángeles, conservas aún tu simpatía humana inalterada e inmutable, acércate a mí esta noche, respira sobre mí y di: “Paz a vosotros.” Que conozca el poder que derrite del amor de Cristo y el atractivo poder de su cruz. Que mantenga el ojo inconmovible de la fe dirigido firmemente a tu sacrificio todo glorioso. Sé...
el objeto habitual de mi contemplación,
la fuente de la más santa alegría,
el principio animador de la obediencia.
Que todo amor a las criaturas quede supeditado al tuyo. Que mi temperamento, mi conducta, mi conversación — se regulen de acuerdo con tu bendita voluntad y tu santo ejemplo. Que este sea el alto fin y la ambición de la vida — obrar de modo que agrade a Jesús.
Bendice a mis queridos amigos; que ellos también sean conducidos a tener todo por pérdida a causa de la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús su Señor, a quien conocer es vida eterna. Ten piedad de los indiferentes; restaura a los que se apartan; consuela a los afligidos; sostén a los moribundos. Que el Señor se levante y tenga misericordia de su Sion espiritual; que muestre que ha llegado el tiempo de favorecerla, sí, el tiempo señalado!
Antes de reclinar mi cabeza en mi almohada nocturna, depositaría de nuevo mi culpa sobre la cabeza del Divino Fiador; que pueda conciliar el sueño bajo el bendito sentido del pecado perdonado — y mirar hacia aquel día bendito cuando las sombras de la noche de la tierra se hayan desvanecido para siempre, y cuando pueda conocer más plenamente “el amor de Cristo, que sobrepasa todo conocimiento.” Y todo lo que pido o espero es por amor a Él. Amén.
“Sea presentada mi oración delante de ti como incienso, y el alzar de mis manos como el sacrificio de la tarde.”
Fuente y atribución
Autor original: John MacDuff
Título original: Prayer for Knowledge of Christ
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de John MacDuff, publicado originalmente en Grace Gems.