Dios mío, vengo a ti esta mañana regocijándome en la sencilla y sublime certeza de que el Señor reina. Tus juicios son muchas veces un gran abismo; que yo reconozca siempre tu soberanía y descanse satisfecho en que "has hecho todo bien".
Es mi consuelo saber que mis tiempos no están en mis manos, sino en las tuyas. Cuando en vano busco explicar tus designios, dame fe en tu rectitud y fidelidad inquebrantables. Los padres más entrañables pueden errar e incluso ser severos; tú, Padre fiel, no infliges un golpe innecesario. Puedo reconocer tu sabiduría donde no la comprendo y confiar en las huellas de tu amor donde no alcanzo a rastrearlas.
Cuando mi pie resbalaría, tú me sostienes. Has secado lágrimas, apaciguado dolores y apartado peligros; por eso me maravillo más de tu forbearancia que de mis aflicciones. ¿Qué peso de dolor puede compararse con la gravedad de mi pecado?
Dame gracia no solo para soportar y endurecerme, sino para gloriarme en cuanto tu amor disciplinador disponga. La aflicción es tu escuela de entrenamiento para la inmortalidad; si la necesito, no la retengas. Sométeme al trato más severo de tu disciplina paternal más que permitirme quedarme en mis huidas y retrocesos.
Que confíe en tu ternura: me conducirás paso a paso sin dejar que mi corazón se vuelva hacia la queja.
Fuente y atribución
Autor original: John MacDuff
Título original: FOR COMFORT IN BEREAVEMENT
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de John MacDuff, publicado originalmente en Grace Gems.