Verdaderamente es un misterio, grande, profundo e insondable; pues ¿quién puede comprender rectamente cómo el Verbo divino, el Hijo eterno de Dios, fue hecho carne y habitó entre nosotros? «¿Quién anunciará su generación?», ya sea aquella generación eterna por la cual es el unigénito Hijo de Dios, o la generación de su sagrada humanidad en el seno de la Virgen, cuando el Espíritu Santo vino sobre ella y el poder del Altísimo la cubrió con su sombra. Estas son las cosas que los ángeles desean contemplar, que no pueden comprender pero adoran reverentes. Y bien podemos imitar su adoración admirativa, sin intentar entender, sino creer, amar y reverenciar; pues bien se ha dicho: «Donde la razón falla con todo su poder, allí la fe cree y el amor adora».
Y si somos rectamente enseñados y espiritualmente guiados, no hallaremos este un tema estéril, árido o infructuoso. Es «el gran misterio de la piedad»; por tanto, toda la piedad está contenida en él y fluye de él. Toda la gracia, misericordia y verdad de Dios están depositadas, reveladas y manifestadas en el Hijo de su amor, pues «al Padre le agradó que en él habitase toda plenitud», y esto como Emmanuel, Dios con nosotros. Así, su sagrada humanidad, en unión con su Persona divina, es el canal por el cual todo el amor y la misericordia de Dios descienden a los pobres pecadores culpables y miserables que creen en el nombre del Hijo unigénito de Dios.
Si, pues, somos bendecidos con una fe en ejercicio vivo, podemos acercarnos y contemplar el gran misterio de la piedad. Pisar por la fe este suelo sagrado es llegar al monte Sion, a la ciudad del Dios viviente, a la Jerusalén celestial, a la compañía innumerable de ángeles, a la congregación e iglesia de los primogénitos inscritos en los cielos, a Dios el juez de todos, a los espíritus de los justos hechos perfectos, a Jesús el mediador del nuevo pacto y a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel; porque toda bendición del nuevo pacto, si somos favorecidos con una fe viva en un Dios encarnado, es entonces experimental y eternamente nuestra.
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Philpot
Título original: December 25
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.