La obediencia perseverante de la fe en Cristo era la carrera propuesta a los hebreos, en la cual debían ya ganar la corona de gloria, o tener la miseria eterna por porción; y está propuesta a nosotros. Por el pecado que tan fácilmente nos asedia, entiéndase aquel pecado al que somos más propensos, o al que estamos más expuestos, por hábito, edad o circunstancias. Esta es una exhortación importantísima; pues mientras el pecado predilecto de un hombre, sea el que sea, permanezca sin sujetar, le estorbará correr la carrera cristiana, pues le quita todo motivo para correr, y da poder a todo desaliento. Cuando estuvieren cansados y desmayados en su ánimo, recuerden que el santo Jesús sufrió para salvarlos de la miseria eterna. Mirando steadfastamente a Jesús, sus pensamientos fortalecerían los afectos santos, y tendrían sujetos sus deseos carnales. Considerémosle, pues, frecuentemente. ¿Qué son nuestras pequeñas pruebas comparadas con sus agonías, o aun comparadas con nuestros merecimientos? ¿Qué son comparadas con los sufrimientos de muchos otros? Hay en los creyentes una propensión a cansarse y a desmayar bajo las pruebas y aflicciones; esto proviene de la imperfección de la gracia y de los restos de corrupción.
Los cristianos no deben desmayar bajo sus pruebas. Aunque sus enemigos y perseguidores pueden ser instrumentos para infligir sufrimientos, sin embargo son castigos divinos; su Padre celestial tiene su mano en todo, y su sabio fin que lograr por todo. No deben tomar a la ligera las aflicciones, ni estar sin sentir bajo ellas, porque son la mano y la vara de Dios, y son sus reprensiones por el pecado. No deben desalentarse ni hundirse bajo las pruebas, ni impacientarse ni murmurar, sino soportar con fe y paciencia. Dios puede dejar a otros en sus pecados, pero él corregirá el pecado en sus propios hijos. En esto obra como conviene a un padre. Nuestros padres terrenales a veces pueden castigarnos para satisfacer su pasión, más que para reformar nuestras costumbres. Pero el Padre de nuestras almas nunca aflige ni apena voluntariamente a sus hijos. Siempre es para nuestro provecho. Toda nuestra vida aquí es un estado de niñez, e imperfecto en cuanto a las cosas espirituales; por tanto debemos sujetarnos a la disciplina de tal estado. Cuando lleguemos a un estado perfecto, estaremos plenamente reconciliados con todo el castigo de Dios para con nosotros ahora. La corrección de Dios no es condenación; el castigo puede sobrellevarse con paciencia, y promover grandemente la santidad. Aprendamos, pues, a considerar las aflicciones que nos sobrevienen por la malicia de los hombres, como correcciones enviadas por nuestro sabio y gracioso Padre, para nuestro bien espiritual.
Paz y santidad se recomiendan, con advertencias contra el despreciar las bendiciones espirituales (
Fuente y atribución
Autor original: Religious Tract Society
Título original: Devotional and Practical Commentary — Hebrews 12:1-11
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Religious Tract Society, publicado originalmente en Grace Gems.