Muchos cristianos permanecen raquíticos y enanos en las cosas espirituales, de modo que presentan el mismo aspecto año tras año. En ellos no se manifiesta ningún brote de espiritualidad adelantada y refinada. Existen—pero no «crecen en él en todas las cosas». ¿Pero debiéramos contentarnos con estar en la «hoja verde», cuando podríamos avanzar a «la espiga», y al fin madurar en el «grano lleno en la espiga»? ¿Deberíamos conformarnos con creer en Cristo y decir: «Estoy seguro», sin desear conocer en nuestra propia experiencia más de la plenitud que se halla en Él? No debería ser así; debiéramos, como buenos mercaderes en el mercado del cielo, codiciar ser enriquecidos en el conocimiento de Jesús.
Está muy bien guardar las viñas de otros—pero no debemos descuidar nuestro propio crecimiento y maduración espirituales. ¿Por qué ha de ser siempre invierno en nuestros corazones? Es cierto que hemos de tener nuestro tiempo de siembra—pero ¡oh, por un tiempo de primavera—sí, una temporada de verano, que dé promesa de una cosecha temprana! Si queremos madurar en gracia, hemos de vivir cerca de Jesús—en su presencia—madurados por el sol de sus sonrisas. Debemos sostener dulce comunión con Él. Debemos dejar la vista distante de su rostro y acercarnos, como hizo Juan, y reclinar la cabeza sobre su pecho; entonces nos hallaremos avanzando en santidad, en amor, en fe, en esperanza—sí, en toda gracia preciosa.
Así como el sol se levanta primero sobre las cumbres de los montes y las dora con su luz, y ofrece a la vista del viajero uno de los espectáculos más encantadores; así es una de las contemplaciones más deleitosas del mundo el marcar el resplandor de la luz del Espíritu sobre la cabeza de algún santo, que se ha levantado en estatura espiritual, como Saúl, por encima de sus compañeros, hasta que, como un poderoso Alpe nevado, refleja primero entre los escogidos los rayos del Sol de Justicia, y lleva el brillo de su resplandor en lo alto para que todos lo vean, y al verlo, ¡glorifiquen a su Padre que está en los cielos!
Fuente y atribución
Autor original: Charles Spurgeon
Título original: October 20 — Morning
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.