Bien puede despertar consternación en el pecho de una criatura humana oír estas palabras: «Vosotros sois de vuestro padre el diablo». Un fiel ministro predicó en cierta ocasión sobre estas palabras en una iglesia de aldea, ante una numerosa congregación de gente muy pobre. Grande fue la consternación con la que algunos oyeron, por primera vez, que los que vivían en pecado eran hijos del diablo. Pobres vecinos se encontraban unos a otros y se lamentaban con lágrimas por aquella terrible verdad. Y no se lamentaron ni lloraron en vano, pues algunos que entonces eran hijos de ira llegaron, por la fe, a ser hijos de Dios. Una de aquellas benditas convertidas, en extrema vejez, solía levantar sus manos marchitas y dar gracias a Dios por haberle mostrado el peligro en que se hallaba.
¿Y cuáles son las señales por las que pueden conocerse los hijos de Satanás? Las señales son los rasgos de su padre. Él fue homicida y mentiroso desde el principio, desde aquella hora tan terrible y misteriosa en que se apartó de la verdad, pues fue creado en la verdad. Dios, que creó todas las cosas, no puede crear nada malo; por tanto, Satanás y todos los ángeles malos fueron originalmente buenos. Cómo surgió el mal en ellos, ninguna criatura humana lo sabe; es un misterio profundo que no nos ha sido revelado. Bástenos saber que Satanás fue bueno, que se hizo malo y que así continuará para siempre. Después de su caída fue homicida, y procuró matar las almas de Adán y Eva tentándolos al pecado, y matar en ellos a toda la humanidad, pues en Adán todos mueren. Nunca se cometió sobre la tierra un crimen tan espantoso, hasta que los propios hijos de Satanás, instigados por su padre, mataron al Hijo de Dios, que descendió del cielo para salvar a los pecadores.
Satanás no es solo homicida; también es mentiroso. Comete sus asesinatos por medio de mentiras: usó una mentira para matar a Eva, cuando dijo: «No moriréis». Y aún mata por medio de mentiras, pues tienta a los hombres engañándolos. Los persuade de que el pecado los hará felices y de que no es peligroso. Sobre todo, habla mentiras de Dios. Procuro poner a Adán y Eva contra su mejor Amigo con calumnias, pues dijo que Dios les había prohibido comer del fruto del árbol porque temía que llegaran a ser sabios.
Satanás aún habla mentiras de Dios, presentándolo como un Dios cuyo servicio es esclavitud, cuyas promesas son infieles y cuyas amenazas son inciertas. Así se induce a los hombres a mantenerse lejos de Dios. Mientras los hombres crean las mentiras de Satanás, no pueden oír las palabras de Dios ni entender la Biblia. Pero Jesús vino para desengañarnos y defender el carácter de su Padre. ¿Por qué no querrán los hombres creer su testimonio? ¿Seguiremos engañados por las mentiras de Satanás, cuando Jesús nos dice la verdad! Satanás ha engañado a cuantos han confiado en él; el Hijo de Dios jamás ha engañado a nadie. ¿Quién ha oído jamás a un creyente moribundo exclamar: «He sido engañado; confié en el Salvador y he hallado vanas sus promesas»? Ningún creyente verdadero, por afligido que esté, ha hablado así. Todos los cristianos moribundos han dicho con su semblante, y muchos con sus palabras: «Él es un Dios fiel».
Fuente y atribución
Autor original: F. L. Mortimer
Título original: Christ accuses his enemies of being the children of Satan
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de F. L. Mortimer, publicado originalmente en Grace Gems.