Lecturas bíblicas diarias en la vida de Cristo

Cristo bendice el amor y la alegría del matrimonio

Jesús santificó el matrimonio con su presencia y su primer milagro en Caná, recordándonos que Él acompaña tanto nuestras alegrías más puras como nuestros momentos de tristeza.

Jesús aprobó, santificó y adornó el matrimonio al asistir a esta fiesta de bodas. La Biblia, desde el principio hasta el fin, desde Génesis hasta Apocalipsis, pone un alto honor sobre el matrimonio. Dios mismo lo instituyó en el Edén. No carece de significado peculiar que Cristo hiciera su primera aparición pública y obrara su primer milagro en una boda, mostrando así su aprobación y poniendo su sanción sobre esta relación.

No hay tema sobre el que los jóvenes de estos días necesiten recibir instrucción más cuidadosa que el matrimonio. Los muchos matrimonios mal aconsejados e infelices, la alarmante frecuencia de las separaciones y la facilidad con que se obtienen divorcios por el motivo más leve, muestran que esta ordenanza está perdiendo su santidad en la mente pública. Jesús debería ser invitado a toda boda, como lo fue a la de Caná. Ninguna relación matrimonial debería contraerse jamás cuando su presencia no fuera bienvenida, y sobre la cual no pudiera buscarse y obtenerse su bendición.

Conviene notar además que fue una fiesta de bodas a la que Jesús asistió. Su ministerio se abrió en medio de escenas de felicidad humana. Necesitamos aprender que Cristo no es solamente un amigo para nuestras horas de tristeza, sino también para nuestros momentos de alegría. No pensamos lo suficiente en esto. Consideramos la religión demasiado como "una lámpara que arde débilmente en un sepulcro" y no como un Sol que brilla entre el resplandor y la radiación del día más hermoso. Sin duda es cuando llega la aflicción cuando Cristo nos parece más precioso; pero Él es también un Amigo para nuestro gozo. Esta lección de las bodas de Caná no deberíamos perderla. Nuestro Señor no frunce el ceño ante los placeres puros e inocentes. La alegría es un deber en su lugar, tan realmente como la oración. No necesitamos temer invitar a Cristo a nuestros placeres sociales; en efecto, si no podemos invitarlo, algo debe estar mal con los placeres mismos.

Fuente y atribución

Autor original: J. R. Miller

Título original: The Wedding Feast

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.

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