Necesidades suplidas por Dios

Cristo cuida tu alma como tu fiel Obispo

Jesús vela sobre cada alma como su Obispo divino: autor de la vida, redentor por su sangre y guardián tierno que cuida momento a momento a su pueblo redimido.

La palabra griega episkopos, traducida Obispo, significa vigilante, uno que vela por los intereses de la iglesia, supervisa su orden y administra su disciplina. En este sentido se aplica ante todo y de manera suprema al Señor Jesucristo, como Obispo universal de su iglesia elegida, y en especial como Obispo de cada uno de sus miembros. Hay algo singularmente hermoso y tranquilizador en este título de Jesús respecto a los intereses espirituales del creyente. Observa: Jesús es el Obispo del alma, distinto del cuidado providencial que tiene del cuerpo. «El Obispo de sus almas».

Como Obispo de nuestra alma, Él es su autor; es más que cualquier otro obispo podría ser: es un Obispo creador. Con ello Jesús demuestra su divinidad. El Creador ha de ser anterior y superior a lo creado, y la creación se atribuye a Jesús: «Todas las cosas por él fueron hechas». ¡Oh, bendita y aseguradora verdad! Qué firmeza da a la fe que reposa en la expiación, la cual reposa, a su vez, sobre la deidad del Salvador.

Jesús es también un Obispo que da vida. De Él recibimos más que la vida natural: recibimos vida espiritual. «Cristo, vuestra vida». Dulce pensamiento: la vida espiritual por la que somos, en el sentido más alto, almas vivientes, está en Jesús y viene de Jesús nuestro Obispo. Es además un Obispo que redime, pues hizo lo que ningún otro obispo ha podido hacer: murió por nosotros. Su sangre no fue solo sangre de testimonio, sino sangre expiatoria y redentora. Por último, Él guarda, vela, conserva y guía nuestra alma momento a momento, con vigilancia, ternura e individualidad inefables. «Los ojos del Señor están sobre los justos». Oh, alma mía, mantente cerca del lado de tu Obispo.

Fuente y atribución

Autor original: Octavius Winslow

Título original: THE LORD MY BISHOP

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.

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