Palabras diarias para los peregrinos de Sion

Cristo destruye al diablo por la muerte de la cruz

Cristo no solo hizo expiación por el pecado, sino que por su muerte en la cruz despojó a los principados y potestades y destronó al diablo mediante la más profunda humildad y obediencia.

Por sus sufrimientos, el derramamiento de su sangre y su muerte, nuestro gracioso Señor no solo hizo una completa expiación por el pecado, cumplió toda demanda de la ley, lavó a su pueblo de todas sus iniquidades en la fuente de su sangre preciosa y obró una justicia perfecta y eterna para su justificación, sino que «por la muerte destruyó al que tenía el poder de la muerte, esto es, al diablo». Fue por la muerte de la cruz que el gracioso Señor «despojó a los principados y potestades, y los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz».

Es un punto poco considerado, aunque de mucha importancia, que el Señor Jesús tuvo, por así decirlo personalmente, que luchar con el príncipe de la potestad del aire y vencerlo, arrojar a Satanás de su trono usurpado, destruir sus obras y derrocar su reino; y esto no por un acto de poder omnipotente, sino por un acto de la más profunda debilidad, pues «fue crucificado en debilidad». Según nuestros simples razonamientos, podríamos pensar que bastaba un acto de poder omnipotente para derrocar a Satanás. Pero no era ese el camino de Dios. El rey de todos los hijos de la soberbia, en los abismos de la sabiduría infinita, sería destronado por un acto de la más profunda humildad, de la obediencia más mansa y sumisa, del sufrimiento más intenso del propio Hijo amado de Dios, puesto en el lugar de aquellos sobre quienes Satanás y la muerte habían triunfado por el pecado.

Leemos que «el Hijo de Dios se manifestó para deshacer las obras del diablo» (literalmente, «desatar» o «desligar»). Así vino no solo a desligar y deshacer todo lo que Satanás había atado y hecho, recorriendo, por así decirlo, todo el terreno desde la primera entrada del pecado y la muerte, y reparando mediante un curso de santa y meritoria obediencia el naufragio y la ruina producidos por el primer autor de toda desobediencia, sino también, como golpe final, a destruir y derrocar al propio príncipe de las tinieblas, desobediente y rebelde.

Fuente y atribución

Autor original: J. C. Philpot

Título original: February 23

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.

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