Necesidades suplidas por Dios

Cristo el Maestro al que seguimos como discípulos

Liberados de la esclavitud del enemigo, el creyente se convierte en siervo de Cristo, y su mayor honor es que Cristo sea su Maestro. Su escuela es celestial, su doctrina divina y su servicio verdadera libertad.

Emancipado de la esclavitud del enemigo, el creyente se convierte en siervo de Cristo, y su mayor honor es que, desde entonces, Cristo sea su Maestro. ¡Qué intercambio tan dichoso! La libertad del hijo en lugar de la servidumbre del esclavo; el servicio de santidad en lugar del salario de injusticia; Cristo como Maestro en lugar del enemigo como déspota; y la tierra prometida, con sus colinas y llanuras soleadas, en lugar de los hornos y la oscuridad de Egipto. Todo esto lo realiza la gracia divina, y todo está implicado en la relación que el Señor, nuestra porción, sostiene con nosotros como nuestro Maestro. Es claro que el Señor no rechazó este título, sino que lo aceptó y lo aprobó como una designación profundamente significativa.

Como nuestro Maestro, pertenecemos a la escuela de Cristo; somos sus discípulos, sus aprendices. Otros maestros tuvieron sus escuelas y sus discípulos se enorgullecían de reconocerlos, pero Cristo es nuestro Maestro: Él es divino, su escuela es celestial, sus discípulos son espirituales y su doctrina viene de lo alto. Alma mía, en este sentido, el más alto, santo y solemne, no llames maestro a nadie sino a Cristo. En esta edad en que muchos se erigen como cabezas de corrientes y maestros de doctrinas, seguidos por multitudes sin reflexión, debemos probar los espíritus por la Palabra revelada de Dios, pues muchos falsos maestros han salido negando al Señor Jesús mientras visten hipócritamente su librea. Siéntate solo a los pies de Jesús y bebe del vino puro del evangelio que fluye de sus labios ungidos por la gracia.

Como nuestro Maestro, estamos obligados a obedecer sus mandamientos: "Si me amáis, guardad mis mandamientos." Y, en verdad, Señor, tus mandamientos no son arbitrarios ni gravosos, sino que tu yugo es fácil y tu carga ligera, y en llevarlos hay presente y gran recompensa. Dulce y agradable es su servicio: combina el acto más humilde con el honor más alto, la obligación más firme con la libertad más perfecta, la negación más severa con el gozo más exquisito. Por humilde que sea tu esfera y tu empleo, su gracia te ayudará y al fin reconocerá y recompensará con gratitud el vaso de agua fría dado en su nombre. Como nuestro Maestro, también hemos de imitarlo: "El siervo no es mayor que su señor. Si yo, vuestro Señor y Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros." Que el mundo pueda trazar en el siervo la imagen del Maestro, y glorifique tu grande y precioso nombre.

Fuente y atribución

Autor original: Octavius Winslow

Título original: THE LORD MY MASTER

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.

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