Pensamientos vespertinos

Cristo el Médico divino de cuerpo y alma

Cristo, sin pecado y sin enfermedad, llevó nuestras dolencias con poder compasivo; sus sanidades en la tierra revelan al Médico divino que aún hoy glorifica a Dios en sus santos sufrientes.

En un solo sentido puede decirse que nuestro amado Señor fue exento de las enfermedades físicas propias de la naturaleza que asumió: no aparece que él haya padecido jamás, en su propia persona, enfermedad alguna. Es cierto que declaró el profeta: «Él mismo tomó nuestras enfermedades y llevó nuestras dolencias»; pero lo hizo del mismo modo en que llevó nuestras enfermedades morales, sin participación personal. Llevó nuestros pecados, pero él fue sin pecado; cargó nuestras enfermedades, pero fue él mismo ajeno a la dolencia. Nunca estuvo enfermo, porque nunca pecó. Nunca habría muerto si no hubiera consentido en morir.

Su humanidad no conoció pecado; era aquella «cosa santa» engendrada por el Espíritu, tan limpia como Dios mismo. Como el pecado introdujo toda clase de mal físico en nuestra naturaleza, la libertad de Cristo respecto de la causa lo dejó libre del efecto. Pero incluso su muerte fue voluntaria: el que lo llevó a la cruz y el soldado que lo clavaron fueron sólo actores de aquel drama; el «rey de terrores» no arrancó su espíritu. «Jesús entregó su espíritu»: literalmente, hizo una entrega, soltó su espíritu. El dominio y el poder de Cristo sobre la enfermedad corporal forman una de las páginas más tiernas de su historia en la tierra. La prontitud con que sanó al hijo del noble, la delicadeza con el siervo del centurión, la compasión con la hija de la sirofenicia, la sencillez con el ciego de nacimiento: todo revela al Médico divino. Verdaderamente su nombre es «Admirable». Toda esa habilidad, poder y ternura sigue poseyéndola, y en su ejercicio presente con sus santos sufrientes, él es glorificado.

Fuente y atribución

Autor original: Octavius Winslow

Título original: Evening Thoughts - April 20

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.

Comparte esta lectura