¿No fue hecho el sol para brillar? Es su naturaleza hacerlo. Así ocurre con el SOL de justicia; él fue hecho para brillar. ¿Y pierde el sol natural algo de su luz al brillar? Cuanto más brilla, más luz parece tener. Por edades ha brillado tan esplendoroso como hoy. Sus rayos fueron tan gloriosos antes de que tuviéramos nacimiento o ser, y lo serán cuando los ojos que ahora lo contemplan se deshagan en el polvo. Miles de cosechas ha madurado, millones y miles de millones ha alimentado; pero no muestra señal de agotamiento ni de mengua. Y ¿pierde Jesús algo al comunicar su luz, su vida, su amor y su gracia? Por ello es tanto más glorificado; y cuanto más le mires como el Sol, para que como tal brille en tu alma y sobre ella, más le glorificas como el Sol de justicia. Cuando por la mañana abrimos las contraventanas o subimos las persianas, es para recibir el sol en la habitación oscura. Así, cuanto más somos capacitados por la gracia divina para echar atrás las contraventanas de la duda y del temor, y subir las persianas de la incredulidad que cuelgan sobre la mente, más glorificamos al Señor Jesús al recibir de su plenitud, y gracia sobre gracia.
¡Oh! Es bueno poder a veces levantar la mirada más allá y por encima de las dudas, los temores, los recelos y las muchas cosas que afligen la mente. Puedes cavilar sobre tus pecados y miserias hasta caer casi en la desesperación; puedes mirar atrás a tus extravíos, inconsistencias y falta de fruto, hasta casi hundirte sin esperanza y morir. Hacer esto es parecido a alguien que anda en una habitación oscura, tropieza con los muebles y al fin se sienta diciendo: «No hay luz.» Si tan solo echa atrás las contraventanas, el sol brillará en la habitación. Así a veces nos sentamos a meditar sobre nuestras muchas inconsistencias hasta decir: «No hay luz en mi alma; nunca la hubo, y nunca la habrá.» ¡Oh, ser capacitado (cuando hablo así, bien lo sé por experiencia del alma, que solo Dios puede hacerlo en nosotros y para nosotros) para echar atrás las contraventanas y apartar la mirada de lo que tanto abate la mente! Levanta los ojos, alma que te hundes, y contempla al Sol bendito que aún brilla en los cielos. Pues la misma potestad de hacerlo, el solo acto de hacerlo, trae consigo una bienaventuranza sentida.
¡Cuán bueno también ser capacitado para usar a Cristo como ESCUDO! ¡Oh, cuántas veces vamos a la batalla sin este escudo en nuestro brazo! Pero ten por seguro que el Señor no habría provisto tal escudo para ti si no supiera que tus enemigos son demasiado para ti. La duda, el temor, la oscuridad, la desesperación, la ley, las acusaciones de una conciencia culpable, los dardos de fuego del diablo: ¿cómo lucharás contra estos enemigos sin escudo? Serías como un soldado que sale contra el enemigo sin espada ni fusil, dejando el pecho expuesto a toda arma, sin espada ni bayoneta en la mano para defenderse. Así, entrar en combate contra la ley, las acusaciones de una conciencia culpable y un corazón abatido, sin tener al bendito Jesús para alzarlo como escudo contra estos enemigos mortales, bastaría para hundir a un hombre en la desesperación. Pero si es capacitado para usar el escudo que Dios ha provisto, y para sostener a Cristo frente a una ley condenatoria, una conciencia culpable, un diablo acusador y una mente abatida, y decirles a todos: «Cristo ha muerto, y muerto por mí», entonces recibe en el escudo aquellos dardos que de otro modo se clavarían en su alma, y todos caen inofensivos, porque todos cayeron sobre el Señor Jesús.
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Philpot
Título original: January 19
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.