«Y le siguieron muchas gentes, y los sanó a todos». Mateo 12:15
Es un gran consuelo saber que, aunque no podamos esperar la sanidad milagrosa de nuestras enfermedades corporales, estamos seguros al menos de que nuestro Señor no es indiferente a estas aflicciones; de que Él se propone usarlas para nuestro beneficio espiritual; de que está dispuesto a darnos la gracia que necesitamos para soportarlas con paciencia y sumisión; y de que está pronto para sanarnos cuando su sabio propósito en estas aflicciones se haya cumplido.
Siempre podemos estar seguros de la simpatía, el amor y la ayuda de Cristo en todas nuestras enfermedades. Él se sienta de manera constante en cada habitación de enfermo cristiana, y donde la fe es fuerte y clara, Él concede gran consuelo y paz. Cuando estuvo en la tierra no iba con frecuencia a los lugares de festín, pero siempre que había algún enfermo en un hogar, era seguro que Él fuera allí. La enfermedad y el dolor nos lo acercan, y siempre que Él viene trae bendiciones.
Fuente y atribución
Autor original: J. R. Miller
Título original: CHRIST IN THE SICK-ROOM
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.