Fue una petición necesaria y preciosa la que el Señor Jesús enseñó a sus discípulos, y que nosotros necesitamos elevar a diario: "Líbranos del mal." Vivimos en constante necesidad de liberación, expuestos a males continuos, variados y potentes, visibles e invisibles, temporales y espirituales, para esquivar y vencer los cuales no tenemos poder propio ni podemos esperar salvarnos a nosotros mismos. Pero ¿quién es nuestro verdadero Libertador? Es Aquel que es nuestra porción, que nos enseñó a orar así y que Él mismo es nuestro gran Libertador. Consideremos los tres tiempos que emplea el apóstol como ilustración de la gran liberación del Señor para su pueblo.
Primero, está la liberación pasada: "Quien nos libró de tan gran muerte." Jesús descendió del trono de la Deidad a la cruz de un condenado para librarnos de tan gran muerte y de los amargos dolores de la muerte segunda, la muerte eterna. Ofrenda por el pecado, maldito con nuestra maldición y condenado con nuestra condenación, su sangre preciosa hizo plena expiación por nuestras innumerables ofensas, borrando cada sílaba del acta que estaba contra nosotros. Segundo, hay una liberación presente: "Y nos libra." Además de cancelar las ofensas pasadas, la liberación de Cristo implica nuestra emancipación presente de una naturaleza no renovada. Perdonar nuestra culpa y dejarnos esclavos del pecado sería una crueldad refinada de la cual Dios nunca podría ser acusado. Ahora somos almas vivientes, trasladados del reino de las tinieblas al reino de su amado Hijo.
Tercero, quien nos libró y nos libra, también nos librará en todo el futuro de nuestra historia. La fe adquiere fuerza para el presente recordando las liberaciones pasadas de Dios, y desde la experiencia presente mira con confianza hacia adelante. No te angusties, alma mía, por tu futuro. Dios es fiel, Jesús es inmutable, y todo lo que tu Porción ha sido, lo es ahora y lo será en toda aflicción, enfermedad y muerte: un libertador suficiente, amoroso y fiel, que nunca te dejará ni te desamparará. ¿Estás hoy en alguna dificultad, necesidad o tentación? Cristo puede librarte, y librarte ahora. Clama a Él con poder: tu perplejidad no desconcierta su sabiduría, tu necesidad no agota sus recursos, tu tristeza no supera su simpatía. "Clámame en el día de la angustia; yo te libraré, y tú me honrarás."
Fuente y atribución
Autor original: Octavius Winslow
Título original: THE LORD MY DELIVERER
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.