Porciones diarias

Cristo perfeccionado por el sufrimiento

Por sus padecimientos en el huerto y en la cruz Cristo fue consagrado al sacerdocio. Así, perfeccionado por el sufrimiento, se hizo autor de eterna salvación para los que le obedecen.

Por sus sufrimientos en el huerto y sobre la cruz, el Señor Jesús fue perfeccionado. Pero ¿qué perfección fue esta? Claramente no significa que por estos sufrimientos nuestro Señor fuese perfeccionado como Hijo de Dios ni como Hijo de hombre, pues era perfecto ya, poseyendo perfección infinita en su deidad eterna, y estaba investido también de toda posible perfección de la que su sagrada humanidad era capaz. No necesitaba perfección alguna añadida a su deidad, pues no era susceptible de ella; ni añadida a su humanidad, pues era «el santo» en unión con la Deidad eterna.

Pero necesitaba ser perfeccionado como Sumo Sacerdote. Por sus sufrimientos fue consagrado o dedicado de manera especial al sacerdocio, conforme a sus propias palabras: «Y por ellos yo me santifico a mí mismo» (Juan 17:19); es decir, me consagro o me dedico a ser su Sumo Sacerdote. Los dos oficios principales del sumo sacerdote eran ofrecer sacrificio e interceder. El sacrificio venía primero, y los sufrimientos de nuestro Señor en el huerto y en la cruz fueron parte de ese sacrificio. Fue, pues, «perfeccionado por el sufrimiento», esto es, por sus padecimientos, derramamiento de sangre y muerte fue consagrado para desempeñar aquella otra rama del oficio sacerdotal que ahora ejerce. Así como Aarón fue consagrado mediante el sacrificio de un toro y un carnero, cuya sangre no sólo se derramó al pie del altar y se roció sobre él, sino que se puso también en su oreja derecha, en su mano y en su pie, así su grande y glorioso Antitipo fue consagrado por su propio sacrificio y derramamiento de sangre en la cruz; y así, perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen.

Fuente y atribución

Autor original: J. C. Philpot

Título original: December 13

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.

Comparte esta lectura