La vida de Cristo para cada día

Cristo promete el Espíritu que enseña a los discípulos

El Salvador promete que el Espíritu guiará a los suyos a toda verdad, anunciará lo por venir y glorificará a Cristo, revelando su gloria al alma del creyente.

El Señor Jesús sabía que esta era su última conversación con sus discípulos antes de su muerte. Les había dicho, estando sentados a la mesa: "Ya no hablaré mucho con vosotros." Pero aun si hubiera tenido más tiempo para conversar, no habría podido enseñarles todo lo que deseaba. ¿Y por qué no? Porque sus corazones no estaban en disposición de recibir toda su instrucción. Los discípulos eran solo niños en Cristo, y necesitaban leche, y no alimento sólido. Habían demostrado, pocas horas antes, que eran solo niños, pues incluso en la última cena había habido una contienda sobre quién sería el mayor. Los cristianos que han crecido mucho en la gracia no desean ser exaltados sobre sus hermanos.

Los discípulos debieron sentirse afligidos al oír a su Maestro decir: "Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis llevar." Deben haberse afligido al descubrir que perdían muchas dulces revelaciones de gracia de los labios del propio Hijo de Dios. Había en el corazón de su Señor muchas verdades preciosas que habría comunicado a sus amados hijos de haber podido ellos recibirlas. Si queremos crecer en el conocimiento de la verdad, debemos desechar toda malicia, envidias y maledicencias; pues estas pasiones pecaminosas obstruyen el alma e impiden la entrada de la verdad.

En este discurso de despedida, el Salvador compasivo no se detuvo mucho en ningún tema triste, pues parece que su gran deseo era consolar a sus discípulos. Para consolarlos habló de la venida de este Espíritu y de todos los beneficios que conferiría. Hizo tres promesas acerca del Espíritu: "Os guiará a toda la verdad." "Os mostrará las cosas que han de venir." "Él me glorificará," es decir, os mostrará mi gloria. Los escritos de los apóstoles prueban que el Señor cumplió estas promesas.

En sus epístolas (como en toda la Biblia) hallamos verdad, sin mezcla alguna de error. En ellas se nos hablan "las cosas que han de venir." ¡Qué descripción hace el apóstol Pedro, en su segunda epístola, de la consumación del mundo por fuego! ¡Y qué escenas maravillosas se abren ante nuestros ojos en la Revelación concedida al apóstol Juan! En las epístolas vemos el cumplimiento de la promesa: "Él me glorificará." Tres de los apóstoles habían visto la gloria de Cristo en el monte de la transfiguración. Pero hay una gloria que no puede ser vista con ojos humanos. El Espíritu revela esta gloria a las almas de todos los verdaderos creyentes, como declara el apóstol Pablo: "Todos nosotros, mirando a descubierto la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, por el Espíritu del Señor" (2 Cor. 3:18). La incredulidad es el velo que oculta la gloria al corazón; pero cuando el Espíritu Santo, con su poder, quita este velo, entonces la gloria de Cristo resplandece en lo más íntimo del alma, los verdaderos creyentes miran con rostro descubierto al espejo del Evangelio y contemplan la gloria del Hijo de Dios. Al principio la ven muy tenue; pero son transformados en la misma imagen de gloria en gloria. Crecen en el conocimiento de Cristo. Que no se desalienten quienes apenas han comenzado a buscar a Cristo. Quizá ahora digan con lágrimas: "Ayuda mi incredulidad." Quizá ahora sientan que estas palabras acerca de Jesús no se aplican a vosotros. "A quien amáis sin haberle visto, en quien creyendo, os alegráis con gozo inefable y glorioso" (1 Pedro 1:8). Orad para que el Espíritu Santo ilumine vuestros ojos, a fin de que por la fe contempléis la gloria de Cristo, la gloria de aquel "Sumo Sacerdote que está sentado a la diestra del trono de la Majestad en los cielos" (Heb. 8:1). La tierra no contiene gloria semejante a la suya. ¿Por qué la ciudad celestial no necesita que el sol ni la luna brillen en ella? Porque "la gloria de Dios la ilumina, y el Cordero es su lumbrera" (Apoc. 21:23).

Fuente y atribución

Autor original: F. L. Mortimer

Título original: Christ promises to send the Spirit to teach the disciples

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de F. L. Mortimer, publicado originalmente en Grace Gems.

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