¡Con qué ansiedad debió el principal seguir el avance del Salvador hacia su casa! Debió ser una prueba ver los pasos de su libertador retardados por la muchedumbre. ¡Pero qué golpe fue oír que su hija había muerto en efecto! Los que trajeron el mensaje pensaron que Jesús ya no podía socorrer al pobre padre. Dijeron: "¿Para qué molestas más al Maestro?" Y, con todo, ¿por qué hablaban así? ¿Hay algo demasiado difícil para el Señor? Si podía sanar con su poder, ¿no podía también restituir la vida con el mismo poder?
Probablemente el principal participaba de las dudas de los mensajeros, pues Jesús le animó al instante, diciendo: "No temas, solo cree." ¡Cuán propensos somos, aun sabiendo que Jesús es todopoderoso, a pensar que, mientras puede aliviarnos en un pequeño problema, no puede ayudarnos en uno grande! ¡Cuán propensos a imaginar que hay casos demasiado difíciles para Él! ¿No muestra esto que nuestra fe es muy débil? La verdad es que Dios se deleita en mostrar la grandeza de su poder librándonos de las angustias más abrumadoras. Si creyéramos más en Él, veríamos más de sus maravillas. Y aunque ahora no resucita a los muertos, no es porque la obra sea demasiado grande para su poder, sino porque aún no ha llegado el tiempo.
Cuando Jesús llegó a la casa del principal, echó de la sala a los asistentes burlones y solo permitió a los padres de la niña y a tres de sus apóstoles presenciar el milagro. Hay maravillas de su amor y de su poder que Cristo muestra solo a su pueblo creyente. Los padres no habrían sido admitidos en la cámara de su hija si hubieran estado dispuestos a burlarse de las palabras del Salvador. Sus corazones doloridos debían estar mirando y anhelando el socorro.
¡Cuántos que han esperado liberación en la prueba la han recibido! Se ha abierto un camino de la manera menos esperada. Así Abraham, cuando había alzado el cuchillo para sacrificar a su hijo, creyó que Dios podía resucitarlo, y su fe fue recompensada. Llamó al monte Jehová Jireh, esto es, "en el monte del Señor será visto"; o sea, "el Señor verá, o proveerá"; conduciendo así a todos los creyentes a esperar liberaciones semejantes en la hora de la extrema angustia.
¿Pudieron los padres que presenciaron el hecho glorioso lamentar los sufrimientos que habían soportado? Si hubieran sufrido menos, habrían visto menos del poder del Señor. Cuando los cristianos salen de sus aflicciones, tienen historias maravillosas que contar acerca de la fidelidad de Dios, que jamás habrían conocido de haber permanecido en la comodidad. Pero hay tiempos apropiados para referir estas historias. Aún no había llegado el momento de publicar los milagros que Jesús había obrado. Cuando Él mismo hubo resucitado de entre los muertos, entonces fue deber de sus seguidores declarar todo lo que habían visto. Sus maravillas han sido registradas y nos han llegado a nosotros. ¿Creemos que Jesús resucitará a los muertos en el último día? Entonces podemos depositar a nuestros seres amados en el sepulcro sin esa tristeza desesperada que experimenta el mundo incrédulo.
Fuente y atribución
Autor original: F. L. Mortimer
Título original: to end. He raises Jairus' daughter
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de F. L. Mortimer, publicado originalmente en Grace Gems.