Lo grande que los apóstoles debían atestiguar al mundo era la resurrección de Cristo; pues ella era la gran prueba de que él era el Mesías, y el fundamento de nuestra esperanza en él. Los apóstoles fueron ordenados, no a dignidad y dominio mundanos, sino a predicar a Cristo y el poder de su resurrección. Se hizo un llamamiento a Dios: «Tú, Señor, que conoces los corazones de todos los hombres», lo cual nosotros no conocemos; y mejor de lo que ellos se conocen a sí mismos. Es propio que Dios elija a sus propios siervos; y en la medida en que él, por las disposiciones de su providencia o por los dones de su Espíritu, muestra a quién ha elegido, o qué ha elegido para nosotros, debemos someternos a su voluntad. Reconozcamos su mano al determinar todo lo que nos sobreviene, especialmente en aquello por lo cual pueda confiárse alguna responsabilidad.
Capítulo 2
El descenso del Espíritu Santo el día de Pentecostés (
Fuente y atribución
Autor original: Religious Tract Society
Título original: Devotional and Practical Commentary — Acts 1:15-26
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Religious Tract Society, publicado originalmente en Grace Gems.