El discurso que nuestro Salvador pronunció públicamente en el templo ofendió tanto a sus enemigos que enviaron hombres para tomarlo. Estos lo hallaron predicando. Jesús sabía con qué propósito venían, y pronunció en su presencia una advertencia terrible, diciéndoles que estaría con ellos solo un poco más de tiempo, y que entonces lo buscarían y no lo hallarían, añadiendo: «Adonde yo estoy, vosotros no podéis venir». Los judíos experimentaron la verdad de estas palabras cuando la ciudad de Jerusalén fue tomada, y buscaron en vano al Mesías prometido que los liberase, pero no hallaron libertador.
Esto también se cumplirá en la experiencia de todo incrédulo, a menos que se arrepienta. Llegará un tiempo para todos los impíos que mueren impenitentes en que buscarán a Cristo y no lo hallarán, y en que desearán en vano alcanzar el lugar donde él está. Tal día llegó al rico cuando alzó los ojos, estando en tormentos, y vio a Lázaro lejos y oyó que había un gran abismo entre ellos, que nadie podía cruzar. ¡Cuán terrible será ver a Cristo de lejos y hallar al Salvador compasivo sordo a nuestras súplicas! De tal día se habla en Proverbios 1: «Entonces me llamarán, y no responderé; me buscarán temprano, y no me hallarán, por cuanto aborrecieron el conocimiento y no escogieron el temor de Jehová».
Pero los enemigos de Cristo ni siquiera entendieron la advertencia que les había dado. Solo se expresaron entre sí su asombro: «¿Acaso va a enseñar a los judíos dispersos que viven entre los gentiles?», o ¿acaso va a enseñar a los mismos gentiles?
Ellos juzgaban imposible que los gentiles fueran enseñados; imaginaban que eran indignos de la menor atención de Dios, y que serían dejados a perecer en la ignorancia pagana. Pero Dios no pensaba así; sus pensamientos no eran como los de ellos; ya entonces tenía propósitos de misericordia hacia nuestros salvajes antepasados. Los vio andar con pieles pintadas entre sus bosques de robles y ofrecer a sus hijos a ídolos horribles. Los vio, se compadeció de ellos y envió, si no a un apóstol, al convertido de un apóstol, para proclamar a sus oídos no instruidos su glorioso evangelio. Nuestros padres lo buscaron y lo hallaron, y muchos de ellos están ahora con Dios. Donde ellos están, y donde Jesús está, deseamos ir nosotros.
Jesús no nos ha dicho todavía: «Adonde yo estoy, vosotros no podéis venir». ¿Nos lo dirá alguna vez? Nunca lo hará, si es el deseo ferviente de nuestro corazón estar donde él está. ¿No ha dicho: «Donde yo estoy, allí estará también mi siervo»?
Este era el dulce verso que un anciano ministro repetía a menudo en sus horas de muerte: «Y cuando yo haya de morir, "Recíbeme", clamaré; pues Jesús me ha amado, no sé decir por qué; mas esto puedo hallar, que los dos tan unidos estamos, que él no estará en la gloria y me dejará atrás».
Fuente y atribución
Autor original: F. L. Mortimer
Título original: Christ speaks of going where his enemies could not come
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de F. L. Mortimer, publicado originalmente en Grace Gems.