Un Tesoro Dorado para los Hijos de Dios

Cristo, vida eterna en el corazón del creyente

Jesús vino con agua para santificar y con sangre para expiar. Quien tiene al Hijo tiene la vida, y el Espíritu da testimonio en el creyente de que poseer a Cristo es poseer ya la vida eterna.

«Este es Jesucristo, que vino por agua y sangre; no solamente por agua, sino por agua y sangre. Y el Espíritu es el que da testimonio, porque el Espíritu es la verdad… El que cree en el Hijo de Dios tiene el testimonio en sí mismo; el que no cree a Dios le ha hecho mentiroso, porque no ha creído en el testimonio que Dios ha dado acerca de su Hijo. Y este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna, y esta vida está en su Hijo. El que tiene al Hijo tiene la vida.» 1 Juan 5:6, 10-12

Jesús vino con agua y sangre; no con agua solamente para santificarnos, sino también con su sangre para hacer expiación por nuestros pecados. Debemos, por tanto, ante todo buscar y obtener penitentemente el perdón de los pecados en su sangre; entonces podremos esperar obtener el agua de la vida, el Espíritu Santo, para nuestra purificación interior. Y su Santo Espíritu dará testimonio en nosotros de que el evangelio es verdad y de que Dios cumplirá su palabra al darnos vida eterna, como lo ha prometido. Tenemos tres testigos de ello en el cielo y tres en la tierra. Y si creemos en Cristo, tenemos este verdadero testimonio en nosotros mismos y podemos, por tanto, saber con certeza que, teniendo al Hijo de Dios, tenemos vida, vida eterna; pues Él es (según el versículo 20) «vida eterna»; por consiguiente, estando en Él, ya hemos entrado en la vida eterna. Todas las bendiciones incluidas en la vida eterna están en Jesús; por consiguiente, poseer a Jesús es poseer la vida eterna. ¿Tengo a Cristo formado en mi corazón? Si es así, tengo vida eterna permaneciendo en mí.

Fuente y atribución

Autor original: Carl Heinrich von Bogatzky

Título original: A Golden Treasury for the Children of God — June 10

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Carl Heinrich von Bogatzky, publicado originalmente en Grace Gems.

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