¡Cuán poco conoce el creyente la profundidad del mal que hay en él!
«Y volviéndose el Señor, miró a Pedro. Y Pedro se acordó de la palabra del Señor, cómo le había dicho: Antes que cante el gallo hoy, me negarás tres veces.» Lucas 22:61
Y, sin embargo, Pedro fue verdaderamente sincero cuando dijo a Jesús: «¡Aunque tenga que morir contigo, jamás te negaré!» Pero, ¡ay!, Pedro no se conocía a sí mismo cuando así habló. Si, en lugar de este lenguaje lleno de confianza en sí mismo, hubiera buscado ayuda de su Señor y Maestro para sostenerse firme en la hora de la tentación, no habría dejado tan triste ejemplo de la profundidad de infidelidad y falsedad a la que un discípulo de Cristo puede caer cuando se le deja resistir la tentación en sus propias fuerzas.
¡Qué advertencia es esta para todos los creyentes, y cuán equivocado está quien declara que es imposible que él jamás sea culpable de los pecados más viles y más torpes, los peores que practican los impíos! Tenga cuidado tal persona, porque habla como habló Pedro, y con un corazón semejante al de Pedro; y puede ser que, si persiste esta confianza en sí mismo, el Señor le permita, en castigo y para disciplina, caer precisamente del modo que consideraba más imposible, así como lo hizo con Pedro.
¡Cuán poco conoce el creyente la profundidad del mal que hay en él! El Señor Jesús lo conoce todo, y, con todo, eso no altera su amor, porque ese amor ha provisto un remedio seguro, y ese remedio es Él mismo.
Camina con mayor seguridad quien camina consciente de que no hay mal en el que no caería de no ser por la gracia preservadora de Cristo. Solo es verdaderamente fuerte quien es fuerte en la gracia que hay en Cristo Jesús. «El que cree estar firme, mire que no caiga.» «En mí, esto es, en mi carne, no mora el bien.» «Separados de mí nada podéis hacer.»
La necesidad consciente del creyente es uno de sus más altos títulos sobre la omnipotencia de su Señor. Es esa experiencia del alma la que más prevalece con Jesús y le mueve a derramar sus más escogidas bendiciones de pacto.
Y así, ¡oh, Señor!, mi oración a Ti es: «Sosténme, y estaré salvo!» Salmo 119:117
Fuente y atribución
Autor original: Thomas Moor
Título original: Pithy gems from Thomas Moor — 35
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Thomas Moor, publicado originalmente en Grace Gems.