El niño salió con alegría de la puerta de la casa hacia el campo de cosecha, donde su padre y los segadores trabajaban. El sol calentaba, y no pasó mucho tiempo hasta que el pequeño lloraba de gran dolor. El padre estaba demasiado ocupado para prestar mucha atención al niño enfermo. La madre era quien debía hacerlo, y envió al niño a casa con un siervo. La madre nunca está demasiado ocupada para atender a su hijo; las madres nunca lo están. Con tierna solicitud tomó a su pequeño afligido sobre sus rodillas, haciendo todo lo posible por restituirlo. Pero al llegar el mediodía, ¡estaba muerto en sus brazos!
¡Qué cambio produjeron unas pocas horas en aquel hogar! Nunca estamos seguros, al dejar la mesa del desayuno y dispersarnos a nuestras tareas, de que nuestra risa alegre no se convierta en luto antes del anochecer. Esta conciencia debería hacer muy afectuosa nuestra comunión familiar, pues cualquier hora que pasemos juntos puede ser la última. La escena en aquel antiguo hogar sunamita se ha repetido en tantos hogares que, al detenernos en ella, toca todos los corazones y hace a esa madre antigua pariente de miles de otras madres. No importa que ella viviera hace dos mil setecientos años. Para nosotros es una madre con su hijo muerto en los brazos, y nuestros corazones se conmueven por su dolor a lo largo de todos estos siglos.
Fuente y atribución
Autor original: J. R. Miller
Título original: Miller's Year Book - June 28
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.