(Asegúrate de ESCUCHAR el Audio, mientras LEES el texto a continuación.)
Juan 11:3: «Señor, aquel a quien amas está enfermo».
Los verdaderos cristianos pueden estar enfermos y afligidos igual que los demás. Leemos que Lázaro era uno a quien Jesús amaba. Sin embargo, Lázaro estuvo enfermo, aun hasta la muerte. El Señor Jesús, que tenía poder sobre todas las enfermedades, sin duda podría haber prevenido esta enfermedad, si lo hubiera juzgado conveniente. Pero no lo hizo así. Permitió que Lázaro estuviera enfermo, y en dolor, y cansado, y que languideciera y sufriera como cualquier otro hombre.
La lección es una que debería estar profundamente grabada en nuestras memorias. Viviendo en un mundo lleno de enfermedad y muerte, con seguridad la necesitaremos algún día.
La enfermedad, por la misma naturaleza de las cosas, nunca puede ser sino penosa para la carne y la sangre. Nuestros cuerpos y almas están extrañamente vinculados, y aquello que aflige y debilita el cuerpo difícilmente puede dejar de afligir la mente y el alma.
Pero debemos recordar siempre que la enfermedad no es señal de que Dios esté disgustado con nosotros.
Asimismo, generalmente es enviada para el bien de nuestras almas.
La enfermedad tiende a apartar nuestros afectos de este mundo y dirigirlos a las realidades espirituales.
La enfermedad nos envía a nuestras Biblias, y nos enseña a orar mejor.
La enfermedad ayuda a probar nuestra fe y paciencia, y nos muestra el verdadero valor de nuestra esperanza en Jesús.
La enfermedad nos recuerda que no hemos de vivir siempre en este pobre mundo contaminado, que somos ciudadanos del cielo, y que debemos esperar con anhelo al Salvador, el Señor Jesucristo, que transformará nuestro vil cuerpo para que sea semejante a su cuerpo glorioso.
Entonces, seamos pacientes y animosos cuando somos apartados por la enfermedad. Creamos que el Señor Jesús nos ama cuando estamos enfermos no menos que cuando estamos sanos.
«Antes de ser afligido, yo descarriado andaba, mas ahora guardo tu palabra».
«Bueno me es haber sido afligido, para así aprender tus estatutos».
«Yo sé, oh Jehová, que tus juicios son justos, y que conforme a tu fidelidad me afligiste».
Salmo 119:67, 71, 75
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Las flores del jardín del Señor
J.C. Ryle, «El Evangelio de Juan»
Fuente y atribución
Autor original: Various
Título original: Grace Gems 2026 — (Be sure to LISTEN to the Audio , as you READ the text below
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Various, publicado originalmente en Grace Gems.