Los Diez Mandamientos

Cuando las riquezas se convierten en dios

Una advertencia sobre la necedad de confiar en las riquezas, que engañan, dañan y prometen lo que no pueden dar, hasta convertirse en creador, redentor y consolador del alma.

¡El hombre hace un dios del polvo de la tierra!

«No tendrás dioses ajenos delante de mí.» Éxodo 20:3

¿Qué es tener otros dioses además del Dios verdadero?

Temo que, al examinarlo, haya entre nosotros más idólatras de los que somos conscientes.

Si confiamos en nuestras RIQUEZAS, hacemos de las riquezas nuestro Dios. Podemos hallar consuelo en las riquezas, pero no poner nuestra confianza en ellas.

Es una necedad confiar en ellas. Son riquezas engañosas, y es necio confiar en lo que nos ha de engañar. No tienen consistencia sólida; son como sueños dorados, que dejan el alma vacía cuando despierta o vuelve en sí.

¡No son lo que prometen! Prometen satisfacer nuestros deseos, y los aumentan. Prometen permanecer con nosotros, y se echan a volar.

Son dañinas. «He visto un mal grave bajo el sol: riquezas atesoradas para daño de su dueño.» Ecl 5:13. Es necio confiar en lo que nos ha de hacer daño. ¿Quién agarraría el filo de una navaja?

Las riquezas son con frecuencia combustible para la soberbia y la lujuria. Ez 28:5; Jer 5:7.

Es una locura confiar en nuestras riquezas; ¡pero cuántos lo hacen, y hacen del dinero su dios! Dios hizo al hombre del polvo de la tierra, ¡y el hombre hace un dios del polvo de la tierra!

El dinero es su creador, redentor y consolador. El dinero es su creador, pues si tiene dinero, piensa que ya es alguien. El dinero es su redentor, pues si está en peligro, confía en su dinero para rescatarlo. El dinero es su consolador, pues si está triste, el dinero es el arpa de oro que ahuyenta el espíritu malo. Así, al confiar en el dinero, lo convertimos en un dios.

Fuente y atribución

Autor original: Thomas Watson

Título original: Los Diez Mandamientos — Man makes a god of the dust of the earth

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Thomas Watson, publicado originalmente en Grace Gems.

Comparte esta lectura