Mañana y noche

Cuando los discípulos huyeron

La huida de los discípulos revela la fragilidad del creyente dejado a sí mismo, y nos mueve a clamar por la gracia que hace al cobarde valiente.

Él nunca los abandonó, pero ellos, por cobarde temor de sus vidas, huyeron de Él en el mismísimo comienzo de sus padecimientos. Éste es un caso instructivo de la fragilidad de todos los creyentes cuando se les deja a sí mismos. En el mejor de los casos son ovejas, y huyen cuando viene el lobo. Todos habían sido advertidos del peligro y habían prometido morir antes que dejar a su Maestro; y, sin embargo, fueron presa de un pánico repentino y salieron despavoridos.

Puede ser que yo, al comenzar este día, haya afirmado mi mente para soportar una prueba por amor al Señor, y me imagine que ciertamente mostraré una fidelidad perfecta; pero que esté muy celoso de mí mismo, no sea que, teniendo el mismo corazón malo de incredulidad, me aparte de mi Señor como hicieron los apóstoles. Una cosa es prometer y otra muy distinta cumplir. Habría sido para su eterno honor haber permanecido valientemente al lado de Jesús; huyeron del honor; ¡que yo sea preservado de imitarlos!

¿Dónde más podrían haber estado tan seguros como cerca de su Maestro, que podía al instante llamar a doce legiones de ángeles? Huyeron de su verdadera seguridad. Oh Dios, no permitas que yo también obre como necio. La gracia divina puede hacer al cobarde valiente. El lino humeante puede flamear como fuego sobre el altar cuando el Señor lo quiere. Estos mismos apóstoles, que eran tímidos como liebres, llegaron a ser audaces como leones después que el Espíritu descendió sobre ellos; y así también el Espíritu Santo puede hacer a mi espíritu encogido valiente para confesar a mi Señor y dar testimonio de su verdad.

¡Qué angustia debió haber llenado al Salvador al ver tan infieles a sus amigos! Éste fue un amargo ingrediente en su copa; pero esa copa está ya vacía; no ponga yo otra gota en ella. Si abandono a mi Señor, le crucificaré de nuevo y le expondré a vergüenza pública. Guárdame, oh bendito Espíritu, de un fin tan vergonzoso.

Fuente y atribución

Autor original: Charles Spurgeon

Título original: March 27 — Morning

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.

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