Considera a Jesús

Cuando tu alma está turbeada, recuerda a Cristo

La mayor aflicción de Cristo fue la angustia espiritual al cargar nuestro pecado. Si tu alma está atribulada, esa misma pena puede conducirte a un conocimiento más profundo de Jesús.

El sufrimiento más profundo de nuestro Señor no fue el del cuerpo, sino el del alma. Comparados con esa aflicción interior, los tormentos prolongados de la cruz, los miembros extendidos, los nervios estremecidos, las heridas que sangraban y la sed abrasadora, eran como nada. Aquello era físico; esto, espiritual. Mientras soportó las burlas y las calumnias de los hombres, no escapó de sus labios una sola queja; pero cuando la ira de Dios, soportada como fiador de su pueblo, entró en su alma santa, entonces se alzó un clamor de agonía: «Sálvame, oh Dios, porque las aguas han llegado hasta mi cuello; cada vez me hundo más en el fango y no hallo pie firme donde apoyar. Estoy en aguas profundas y me sobrepasan; he agotado mi voz al clamar por ayuda, mi garganta está seca y mis ojos hinchados de llanto, esperando la ayuda de Dios».

El motivo de esa turbación solo halla respuesta razonable en una verdad: él estaba cargando el pecado y, por tanto, el castigo del pecado. Era el cáliz que rogó que, si era posible, pasara de él. De esa nube oscura de angustia resplandece una verdad gloriosa del evangelio: el carácter sustitutorio y expiatorio de su sufrimiento y su muerte. Creyente, quizá tu alma esté también en aflicción: un sentido de pecado te inquieta, la conciencia de culpa te angustia y piensas que no conoces nada del amor perdonador de Dios. O quizá has perdido las evidencias de tu adopción y andas buscándolas con tristeza. Tal vez te asaltan dudas y temores, o te duele descubrir tan poco amor a Dios y tan escasa semejanza con el Salvador.

Una palabra de aliento: da gracias a Dios por esa aflicción del alma, pues es prueba segura de vida espiritual. Un alma muerta en el pecado no siente angustia por el pecado; un corazón sin amor a Dios no se aflige por no amarlo. Anímate, pues tu tristeza es el preludio de un gozo eterno. Pero ve solo a Cristo con tu pena; deja que él tenga que ver con ella. Será la dicha más santa de tu vida si te lleva a conocer mejor a Jesús. Cualquier dolor, Señor, que te entronice con más plenitud en mi corazón, sea bienvenido.

Fuente y atribución

Autor original: Octavius Winslow

Título original: Consider Jesus– in Soul-trouble

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.

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