¡Guerra!
Dichosas las naciones que se ven libres de "la pesadumbre de la guerra"—de su crueldad inherente, de su egoísmo muchas veces demoníaco; que se ven libradas de la tiranía de aquellos que hacen de las naciones encorvadas un pedestal para su ambición—arrastrando a los inocentes de sus arados y viñedos, de sus pacíficas ocupaciones de la vida, de sus quehaceres intelectuales, de sus hogares de afecto, a fin de cosechar una "gloria" mal llamada que rara vez o nunca comparten, alineados en formaciones mortales contra aquellos a quienes no sienten hostilidad.
Nunca es mayor la responsabilidad que la de los gobernantes que, con temeridad insensata, alimentan el espíritu de guerra. "El redoble del tambor conquistador" no es música en los oídos de la viuda y del huérfano. Bien puede el clamor subir al cielo para exorcizar al demonio inmundo—la maldición más terrible que pueda visitar a un país o afligir a la humanidad.
"¡Danos paz en nuestros días, Señor!" Llegará seguramente el día en que, con la espada envainada y la lanza invertida, ya no se oirá la oración, porque ya no será necesaria: "¡Esparce a las naciones que se deleitan en la guerra!" Salmo 68:30
Fuente y atribución
Autor original: John MacDuff
Título original: Thoughts for the Quiet Hour — Excerpts — 112
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de John MacDuff, publicado originalmente en Grace Gems.