"Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros. Como yo os he amado, que también os améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros." Juan 13:34-35
Es la voluntad de Dios que amemos a otros; no siempre es su voluntad que seamos amados. Parece ser la misión de algunos en este mundo dar, y no recibir. Son llamados a servir, a ministrar, a desgastar su vida dando dulzura, consuelo y ayuda a otros, mientras nadie llega a ministrarles, a derramar la dulzura del amor en sus corazones, y a darles el pan cotidiano del afecto, el ánimo y la ayuda.
En muchos hogares encontramos vidas así: una esposa y madre paciente, o una hermana amable y desinteresada, bendiciendo, cuidando, sirviendo, dando perpetuamente los dones más ricos del amor, mientras ellas mismas son no amadas, no servidas, no reconocidas y no ayudadas. Solemos compadecernos de tales personas; pero ¿no podría ser que estén más cerca del ideal celestial de hacer la voluntad de Dios que algunos de los que se sientan al sol del amor, recibiendo, siendo ministrados, pero sin dar ni servir?
Fuente y atribución
Autor original: J. R. Miller
Título original: Giving perpetually love's richest gifts
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.