Dios es plenamente sabio, y por tanto no da pasos apresurados ni precipitados. Así como el plan original de salvación fue concebido por una sabiduría infinita, así también todos los pasos sucesivos en la ejecución de ese plan se dirigen por la misma sabiduría sin límites. «Que abundó para con nosotros», dice Pablo (Efesios 1:8), «en toda sabiduría y prudencia.» Así, en sus tratos con su pueblo, Dios no los pone de una vez en posesión de todas las bendiciones que les tiene reservadas.
Les ha perdonado, por ejemplo, sus pecados; pero no les pone inmediatamente, al llamarlos por su gracia, en posesión de esta bendición. Primero tiene que enseñarles su necesidad de ella. Tiene que preparar su corazón para recibirla debidamente. No es un don común, y tiene que enseñarles a valorarlo. Son salvados de la ira y de la miseria eterna, de su terrible desagrado y de su indignación siempre ardiente contra el pecado. Necesitan que se les muestre y que sientan profundamente de qué son salvados, así como para qué son salvados. Y así como el roble no crece a su plena estatura en un día, sino que necesita años de sol y de tormenta, de vientos huracanados y de tempestades aullantes, para darle fuerza y constancia, una raíz profunda y extensa, así como un tronco elevado y ramificado, así los hijos de Dios necesitan meses y años de prueba y tentación, para echar una raíz profunda hacia abajo y crecer sanos y vigorosos hacia arriba.
Así, antes de que el alma pueda saber algo de la salvación, debe aprender profunda y experimentalmente la naturaleza del pecado y de sí misma, manchada y contaminada por él. Es soberbia, y necesita ser humillada; descuidada, y necesita ser despertada; viva, y necesita ser muerta; llena, y necesita ser vaciada; sana, y necesita ser herida; vestida, y necesita ser despojada. Es, por naturaleza, justa por sí misma y buscadora de su propio interés; está sepultada profundamente en la mundanalidad y la carnalidad; es del todo ciega e ignorante; está llena de presunción, arrogancia, jactancia y enemistad, y aborrece todo lo que es celestial y espiritual. El pecado, en todas sus variadas formas, es su elemento natural. «El etíope no puede cambiar su piel, ni el leopardo sus manchas.» Para hacer del hombre lo opuesto directo de lo que originalmente es; para hacerle amar a Dios en vez de aborrecerlo; temerle, en vez de burlarse de él; obedecerle, en vez de rebelarse contra él; y temblar ante su terrible majestad, en vez de arremeter contra los robustos broches de su escudo; para realizar esta obra tan grande y efectuar este cambio tan admirable, se requiere la implantación de una nueva naturaleza por la mano inmediata de Dios mismo.
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Philpot
Título original: April 1
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.