Mañana y noche

Deudores del amor y la gracia de Dios

Cristo saldó por completo la deuda que teníamos con la justicia de Dios, y por eso el creyente queda obligado a amar y entregarse como sacrificio vivo.

Como criaturas de Dios, todos somos deudores suyos: debemos obedecerle con todo nuestro cuerpo, alma y fuerzas. Habiendo quebrantado sus mandamientos, como todos hemos hecho, somos deudores de su justicia y le debemos una suma inmensa que no podemos pagar. Pero del cristiano puede decirse que no debe nada a la justicia de Dios, pues Cristo ha pagado la deuda que su pueblo tenía; por esta razón, el creyente debe aún más: debe amar. Soy deudor de la gracia y de la misericordia perdonadora de Dios; pero no soy deudor de su justicia, pues Él nunca me acusará de una deuda ya pagada. Cristo dijo: «¡Consumado es!», y con ello quiso decir que cualquier deuda de pecado que su pueblo tuviera quedó borrada para siempre del libro de su memoria. Cristo ha satisfecho plenamente la justicia divina; la cuenta está saldada; el documento está clavado en la cruz; el recibo ha sido entregado, y ya no somos deudores de la justicia de Dios.

Pero entonces, como no somos deudores de nuestro Señor en ese sentido, llegamos a ser diez veces más deudores de Dios de lo que habríamos sido de otra manera. Cristiano, detente y reflexiona un momento. ¡Cuánta deuda tienes con la soberanía divina! Cuánto le debes a su amor desinteresado, pues dio a su propio Hijo para que muriera por ti. Considera cuánto le debes a su gracia perdonadora, que tras recibir de ti diez mil agravios te ama tan infinitamente como siempre. Considera lo que le debes a su poder: cómo te levantó de tu muerte en el pecado, cómo ha conservado tu vida espiritual, cómo te ha guardado de caer y cómo, aunque mil enemigos hayan asediado tu camino, has podido perseverar en él. Considera lo que le debes a su inmutabilidad. Aunque tú has cambiado mil veces, Él no ha cambiado ni una. Estás tan profundamente endeudado como es posible a cada atributo de Dios. A Dios te debes a ti mismo y a todo lo que tienes: ofrécete como sacrificio vivo, es solo tu culto racional.

Fuente y atribución

Autor original: Charles Spurgeon

Título original: February 3 — Morning

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.

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