Palabras diarias para los peregrinos de Sion

Dios con nosotros en toda circunstancia

Nunca debemos separar la naturaleza humana del Redentor de su naturaleza divina. Desde el vientre de la virgen hasta el sepulcro, Jesús siguió siendo Emanuel, Dios con nosotros, en unión indisoluble.

Nunca debemos, ni aun en el pensamiento, separar la naturaleza humana de nuestro adorable Redentor de su naturaleza divina. Aun cuando su sagrado cuerpo yacía en el sepulcro y quedó por un breve espacio separado de su alma pura y santa por la muerte y la tumba, no hubo separación de las dos naturalezas, pues su alma humana, después de haberse encarnado una vez en el vientre de la virgen, nunca se apartó de su Deidad, sino que entró al paraíso en unión indisoluble con ella. Es un artículo fundamental de nuestra santísima fe que la naturaleza humana del Señor Jesucristo no tuvo existencia independiente de su naturaleza divina. En el vientre de la virgen, en el humilde pesebre, en el solitario desierto, en el santo monte de la transfiguración, en el tenebroso huerto de Getsemaní, en el salón de juicio de Pilato, en la cruz y en el sepulcro, Jesús seguía siendo Emanuel, Dios con nosotros.

Y tan inefablemente estrecha e íntima es la conjunción de la naturaleza humana con la divina, que los actos de cada naturaleza, aunque distinguibles, no pueden ni deben separarse el uno del otro. Así, las manos humanas de Jesús partieron los siete panes y los peces; pero fue el Dios-hombre quien los multiplicó para alimentar con ellos a cuatro mil hombres, además de mujeres y niños. Los pies humanos de Jesús caminaron sobre el mar de Galilea; pero fue el Hijo de Dios quien caminó sobre las olas hacia la barca. Los labios humanos de Jesús pronunciaron aquellas palabras que son «espíritu y vida», pero fue el Hijo del Dios viviente quien las habló. Las manos y los pies humanos de Jesús fueron clavados a la cruz; pero la sangre derramada por ellos fue verdaderamente divina, pues toda la virtud y validez de la Deidad estaban selladas sobre ella.

Fuente y atribución

Autor original: J. C. Philpot

Título original: May 9

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.

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