Si el ojo de un semejante, aun el de un niño, estuviera puesto sobre nosotros, nos veríamos disuadidos por ellos de la comisión de muchos pecados. ¡Cómo entonces deberíamos ser refrenados de los malos pensamientos, si sintiéramos la conciencia de que Dios era testigo de cada imaginación de nuestros corazones!
Si todos los pensamientos y las maquinaciones de nuestros corazones fueran tan visibles a los hombres como lo son a Dios, ¿quién hay entre nosotros que no se vería obligado a esconder su rostro con vergüenza y confusión?
Fuente y atribución
Autor original: Charles Simeon
Título original: Pithy gems from Charles Simeon — 287
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Simeon, publicado originalmente en Grace Gems.